Cortés robustece su moral

  • El diestro de Mairena del Aljarafe consigue el único trofeo de un toro muy noble en la desigual corrida de Gerardo Ortega · Pepe Moral, sin lote propicio en su alternativa · Uceda, correcto pero muy frío

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El matador de toros Salvador Cortés, duda hasta última hora en el festejo de ayer, salió con parte de los puntos sin retirar, de la herida que le infirió un toro en el muslo izquierdo el pasado 28 de mayo en la plaza de Madrid. Cortés tuvo la fortuna de cara y se encontró con un toro, su primero, bien presentado y que embestía con suma nobleza. Un toro de carril, Cantinero, que servía embestidas tan dulces como el moscatel. Gracias a ello, el torero de Mairena del Aljarafe pudo crecerse en una buena faena, con el contratiempo de un par de enganchones a destiempo. Una faena en la que, pese a sus mermadas facultades, apostó fuerte. En los medios, de largo, enganchó al toro en cuatro muletazos y el de pecho, que pusieron de acuerdo a toda la parroquia en este día grande del Corpus, corrida dedicada a la Asociación de la Prensa por su centenario. Por ese pitón, surgió otra serie también extensa, con otros derechazos de calidad, interrumpida con un enganchón. Con la izquierda, pese a que le volvió a tropezar la muleta en otra tanda, los naturales fueron más comprometidos y templados. Entró con decisión para una estocada que le aseguró un trofeo y le sirvió para robustecer su moral; si bien, como se comprobó en su segundo, su pierna izquierda flaqueó. A ese quinto, le dieron cera en exceso en el tercio de varas y el animal, aplomado, acabó defendiéndose, en un trasteo sin sustancia. El torero se marchó de inmediato camino de la enfermería donde le curaron de la citada herida.

Pepe Moral, por contra, tuvo muy mala suerte en el día de su alternativa. Se enfrentó a un lote imposible: un inválido, muy mal presentado, y otro animal flojísimo. A ambos los mantuvo el presidente entre las protestas del público. El de Los Palacios dejó una grata impresión. Dio la sensación de que ha ganado en temple. Se doctoró con Desertor, un animalito, sin remate ni trapío, que haciendo honor a su nombre, abandonó su obligación de pelear en la lidia. A las primeras de cambio, en un simulacro de tercio de varas, se derrumbó. Para que quedara constancia de su deserción total, en la muleta también claudicó en el primer muletazo. Pepe Moral, en un trasteo sin emoción alguna porque allí no había toro, se dio un arrimón para conseguir una ovación tras una estocada y un pinchazo. Se pasó de listo cuando intentó dar la vuelta por su cuenta y le frenaron en seco con algunos pitos. El diestro, que había ganado terreno en los lances de verónica, bordó una media. También lanceó al sexto de la misma manera, llegando hasta la boca de riego. En los medios, toreó muy templado a un toro al que era difícil mantener en pie. Las series fueron tan cortas como las fuerzas del astado. En esta ocasión, tras media estocada y dos descabellos dio la vuelta al ruedo.

Y en eso de la suerte, José Ignacio Uceda Leal contó con un cartucho para hacer diana y otro que fue pólvora mojada. Con su primero demostró que es un buen estilista. Pero su frialdad contrastó con el subidón térmico de ayer. Al noble segundo, un animal al que no le sobraban las fuerzas, el madrileño lo toreó bien con la derecha, especialmente en una segunda serie en la que le obligó, al bajarle la mano. Con la izquierda, una de las tandas, también con buen aire, quedó deslucida por algún enganchón. Faena correcta en su conjunto, pero que no cautivó al público. Con el quinto, un auténtico marmolillo, cortó pronto. Fue un animalejo imposible para el lucimiento.

Salvador Cortés, todavía por recuperarse físicamente, salió victorioso del festejo y con la moral reforzada, en el día de la alternativa de otro sevillano, Pepe Moral, sin suerte ante un lote inválido.

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