José María Manzanares cuaja una gran tarde en Dax y abre la puerta grande

  • El alicantino corta dos orejas en una importante faena. Ponce y El Juli, sin suerte

José María Manzanares desorejó ayer al buen tercero de Garcigrande, un toro que en el primer tercio derribó estrepitosamente al picador José Antonio Barroso en el segundo encuentro. En banderillas se lució Juan José Trujillo, obligado a saludar. Exquisita faena del alicantino que toreó despacio y con mucho gusto a un toro que embistió con gran temple. Lo aprovechó Manzanares para dibujar series en redondo con profundidad, ligazón, empaque y naturalidad. Por el izquierdo el toro no tuvo la misma condición y el torero volvió a la mano derecha para torear al ralentí. Mató de buena estocada en la suerte de recibir y paseó las dos orejas.

El sexto que cerró plaza fue el peor de todo el encierro, un toro complicado y muy bajo de raza. Manzanares se mostró variado con el capote en un saludo intercalando verónicas y chicuelinas. La clave de la faena estuvo en los tiempos que le dio el alicantino para administrar al toro, logrando tres series en redondo importantes dada la condición de su oponente. Labor inteligente del torero, finalizada por dosantinas.

Abrió plaza un toro de Domingo Hernández, que salió abanto y protestón. Enrique Ponce realizó una faena técnica y pulcra a cuya primera parte le faltó ligazón. Sin embargo, a fuerza de meterse en los terrenos del toro logró varias series sobre ambas manos que tuvieron continuidad. No anduvo acertado con la espada y saludó una ovación. Su segundo fue un toro alto y más basto, que hizo hilo en banderillas y que sabía lo que se dejaba atrás. Faena larga y esforzada de Ponce ante un toro incierto y poco colaborador.

El segundo con el hierro de Garcigrande fue un toro bien hecho al que El Juli le recetó un buen puñado de verónicas, luciéndose después en un quite por chicuelinas y tafalleras. En banderillas saludó Niño de Leganés. La faena del madrileño tuvo la virtud de sujetar a un toro que embistió rebrincado y que se quiso rajar siempre. Mató de un volapié y fue ovacionado. Cuajado y despegado del suelo fue el quinto. El Juli tuvo pocas opciones ante un toro sin transmisión y que tuvo un molesto calamocheo por el pitón derecho. No estuvo acertado el madrileño con los aceros.

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