"De Luis Miguel aprendí que el respeto es esencial en la vida"

  • El brillante banderillero sevillano presenta su biografía, 'Recuerdos de un torero', un interesante recorrido desde la época de Manolete hasta finales del XX

Nació en la calle Feria en 1932. Le bautizaron en la misma pila que a Juan Belmonte. Sus tíos Andrés y Fernando Gago le apadrinaron en sus comienzos. En su primer tentadero, de lujo, se codeó nada menos que con Manuel Rodríguez Manolete. Tras su etapa novilleril, se vistió de plata para convertirse en torero de oro durante casi cuatro décadas. Muy atento durante la lidia, con grandes reflejos, capote sabio para la brega y banderillero eficaz, trabajó a las órdenes, entre otros, de César Girón, Luis Miguel Dominguín, Manolo Vázquez, Miguel Mateo Miguelín, Pedro Martínez Pedrés, Antonio Bienvenida, Antonio Chenel Antoñete, Antonio Ordóñez, Francisco Rivera Paquirri y Rafael de Paula, a quien también apoderó. Ayer, en la presentación de su libro Recuerdos de un torero (La isla de Siltolá), en la Fundación Cruzcampo, que contó con el escritor Andrés Amorós, Luque Gago rememoraba emocionadamente, junto a varios toreros y numerosos aficionados, toda una vida dedicada al toreo.

-Andrés, ¿qué cualidades debe poseer un torero de cuadrilla?

-Afición y estar pendiente de lo que ocurre durante la lidia del toro.

-¿Debe anteponer su lucimiento para beneficio del matador?

-Por supuesto. Hay que torear para el matador. Es una labor oculta, que debe beneficiar al toro y al matador.

-¿Por qué no alcanzó usted ese grado?

-Porque me faltaba ambición. Me ayudaron mis tíos Andrés y Fernando. Pensé que hubiera sido uno más. Esa afición me la inculcó posteriormente César Girón, con el que tuve una gran amistad.

-En el libro dedica elogios a todos los maestros con los que ha toreado; especialmente a uno.

-Si tuviera que escoger a uno de los maestros con los que he ido sería a Bienvenida, por lo que reunía como profesional y persona.

-Desde su primer tentadero a hoy, ¿qué diferencias fundamentales encuentra en la Fiesta?

-He vivido varias etapas. Prefiero la época de los 70 y 80 porque se vivía más intenso el toreo. A mí me gusta más el toreo de antes que el de ahora. Y en cuanto al toro, el de antes tenía mayor movilidad y el de ahora más volumen.

-¿Y se torea mejor actualmente?

-Ahora se pegan más pases. Antes con 20 ó 25 muletazos se podía triunfar. Eso no quiere decir que hoy no haya grandes toreros.

-Como banderillero, ¿quienes fueron sus referentes?

-Alfredo David y Juan de la Palma; y ya de mi época, Almensilla, Chaves Flores, Tito de San Bernardo y Alfonso Ordóñez.

-¿Qué diferencias hay de su época a hoy en la labor del torero de plata?

-Antes salíamos a recibir al toro de salida. Solíamos correrlo a una mano, por ambos pitones, para que el matador valorara cómo embestía. De todas formas, ahora hay muy buenos toreros de plata. Si tuviera que destacar a toreros de esta época, destaco a la cuadrilla completa de Manzanares.

-¿Cómo vivió su retirada en la Maestranza, aquel 14 de abril de 1986, con un cartel de lujo: Romero, Paula y Ojeda?

-Fue maravilloso. El público, puesto en pie. Yo, un humilde torero, en los medios. La música, sonando. Cómo sería aquello que cuando estoy triste me pongo el vídeo y creo que soy Rafael el Gallo.

-¿Qué hace especial a la Maestranza?

-Para mí, lo primero es que soy sevillano de la Macarena y que he toreado un centenar de corridas en esta plaza. Mis plazas son Sevilla, Madrid, Bilbao, Valencia y El Puerto. Pero aquí, en la Maestranza, la afición te ayuda hasta en los fallos que puedas tener. El público es distinto, va a divertirse, y el ambiente es precioso.

-¿Le enriqueció su etapa como apoderado?

-Se aprende mucho. Dejé de torear a los 55 años y como apoderado tuve suerte. Llevé a los hermanos Domecq, a Pepe Luis Martín y a Rafael de Paula, que fue un premio a mi larga trayectoria. Cuando me llamó, me convenció de que iba a torear cincuenta corridas y de que me llevaría a América. Como persona viví cosas maravillosas. Hubo momentos en los que me llamaba "mi hermano Andrés". Es un ser humano muy bueno, que tuvo muy mala suerte como torero, por las lesiones de rodillas.

-Tras una carrera tan rica, ¿qué lección más importante ha aprendido del toreo que haya llevado a gala en su vida personal?

-Yo era muy jovencillo cuando me entré con Luis Miguel Dominguín, quien me inculcó la siguiente idea: "Respeta para que te respeten". Sin duda, de Luis Miguel aprendí que el respeto es esencial en la vida. Lo llevé en la práctica tanto profesionalmente como fuera de los ruedos, y me ha valido como premio; porque, a cambio, siempre he contado con el respeto del público y de todo el mundo.

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