Matías Tejela planta batalla a un sobrero peligroso

  • El diestro madrileño corta una oreja al sexto bis, de una desigual corrida de Fuente Ymbro, que decepcionó · Antonio Ferrera da espectáculo en banderillas y Salvador Vega no pasa de porfión

Otra vez la luz llegó al final y con un sobrero en una función grisácea. Matías Tejela, con redaños, apostó fuerte con un Limpiabotas de malas pulgas que confundió a más de un espectador. El toro, negro, con trapío y unas agujas de respeto, fue sumamente exigente, por incierto. Se revolvía con prontitud. Y la desigual faena de Tejela ganó enteros por la entrega del madrileño, en la que se llevó de Limpiabotas un navajazo en la barbilla que precisó de cuatro puntos de sutura; vamos, lo que se conoce en el argot como una cornada de espejo, por aquello de que no la olvidará al verse la cicatriz cuando se afeite ante el cristal. En la apertura, aguantó mucho al toro, que embestía con temperamento y muchos pies. Con la izquierda evitó una colada escalofriante. De nuevo, con la derecha, se confió y sacó a flote muletazos que calaron en el respetable. Un pasodoble torero acompañó el resto de faena, en la que con la derecha, y arriesgando mucho, bajó la mano para meterse al toro en el canasto y al público en el bolsillo. De nuevo, con la zurda, el de Fuente Ymbro, se le coló. Una estocada fue la rúbrica de la meritoria faena, de aguante, de Matías Tejela, que fue premiado con el único trofeo del festejo. El madrileño también cosechó algunos pasajes brillantes ante el tercero, un toro que metía bien la cara, aunque se rajó pronto. Faena basada en la diestra, el pitón bueno del toro, por donde humillaba. El torero, tras una serie entonada, bajó mucho la mano en otra serie vibrante, en la que ligó a un pase de pecho sin enmendarse. En la siguiente tanda la labor perdió intensidad. Y ya, con el toro rajado, el torero se esforzó y, en los medios, aguantó una colada por el izquierdo, viendo cómo el toro, con más afición a la madera que un carpintero, se fue a tablas.

Antonio Ferrera alegró la tarde a los espectadores con espectaculares pares de banderillas, por los que fue muy ovacionado. Los mejores, el tercero, por los adentros, al toro que abría plaza. Y en el cuarto, un par esperando en el platillo, de espaldas, para girarse y clavar y otro al quiebro, entrando por los adentros. Con el primer toro, que comenzó con mucho ímpetu, pero que fue a menos y sin franqueza alguna, pasó de puntillas. Y en el cuarto, un animal que se quedaba corto, buscaba y se rajó de inmediato, tampoco tuvo opción al lucimiento con la franela.

Salvador Vega tampoco dispuso de material propicio. Al segundo, manso y que lanzaba tornillazos por doquier, lo finiquitó tras un trasteo porfión. Y con el quinto, de escasa acometividad, tampoco alcanzó cotas interesantes.

La corrida de Fuente Ymbro, muy esperada, de desiguales hechuras y juego, sumó otra decepción en una feria paupérrima en lo ganadero.

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