Memorable tercio de quites

  • Luque replica por dos veces, a la verónica y por chicuelinas, a Morante, entre el delirio del público madrileño · El de Gerena da la única vuelta al ruedo del festejo · Cayetano, mal con el mejor lote

GANADERÍA: Corrida de Núñez del Cuvillo, bien presentada. Los mejores, segundo, muy noble; tercero, con mucha cuerda; y quinto, con nobleza. TOREROS: José Antonio 'Morante de la Puebla, de grana y oro. Metisaca en los bajos y pinchazo (algunos pitos tras aviso). En el cuarto, casi entera (saludos). Cayetano, de azul y plata. Media (palmitas). En el quinto, tres pinchazos y pinchazo hondo y descabello (silencio). Daniel Luque, de verde y oro. Pinchazo y estocada entera trasera (vuelta al ruedo con algunas protestas). En el sexto, estocada (silencio). Incidencias: Plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid. Miércoles 2 de junio de 2010. No hay billetes. Corrida de la Beneficencia. La infanta Elena, acompañada por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, presidió honorariamente la corrida, desde el palco real. Recibió brindis de los tres espadas.

¡Qué importan las orejas ante un torrente de emociones! No hubo trofeos en la tercera del Aniversario. Pero en la arena de Las Ventas quedó la huella del buen toreo de capa y, por encima de todo, del pique, de la rivalidad necesaria y yo diría que obligada, que se ha perdido en estos tiempos entre los toreros. Ayer, Morante y Luque se olvidaron de esos buenos modales de la torería andante actual y revivieron otras tardes históricas en la Monumental madrileña, como aquellos piques entre Ortega Cano y Robles; entre Ponce y Joselito y así... hasta llegar a Joselito el Gallo y Belmote. El delirio se desató entre el público, con la mayoría de espectadores puestos en pie en una ovación atronadora e interminable.

Sucedió con Relatero, un toro bajo, de pinta negra y afilados puñales. Era el turno de Morante en quites. Y el de La Puebla dibujó un manojo de verónicas extraordinarias. Luque, titular del toro, le replicó con la misma arma. Sus lances fueron más arrebatados. Generoso, Luque invitó a Morante, que no se lo pensó y, como bronce viviente y, en acompasado movimiento, hizo los honores al mítico Chicuelo, embozándose en la capa y rematando con un remate airoso. Daniel Luque volvió a recoger el guante, en su caso con dos ceñidas chicuelinas. Hermosa escena, con el apretón de manos entre ambos toreros y un público, rendido, satisfecho, premiando con una ovación inmensa esa llama de la rivalidad que hoy en día no encienden los toreros casi nunca. Cayetano quedó como invitado de piedra. Al bravo toro de Cuvillo todavía le quedaron embestidas. Luque consiguió un buen par de tandas con la diestra, para acabar en un arrimón, con el toro ya aplomado. No acertó en el primer envite, mató a la segunda, y dio la única vuelta al ruedo, con algunas protestas.

Con el acapachado y castaño sexto, Luque se mostró muy motivado. Pero el toro fue a menos y no tuvo posibilidades para conseguir premio.

Morante volvió a dictar una lección magistral de toreo a la verónica con el cuarto, un serio jabonero al que saludó con... ¡siete verónicas, siete! de acrisolada suavidad y compás abierto. Y acabó con el cuadro en unos delantales y una media en la que resucitó a Belmonte. Le respondió Cayetano con unas hermosas gaoneras. Morante trazó una entonada faena con un toro que se colaba por el pitón derecho y en otras ocasiones se quedaba corto. Recetó una estocada bárbara, a cambio de que el toro le rajara la banda derecha de la taleguilla.

Anteriormente, Morante se mostró correcto con el toro que abrió plaza, un animal con trapío, movilidad, pero sin clase. Aquí hubo muletazos aislados, de bellísimo trazo, por ambos pitones. En esta ocasión, estuvo desacertado con la espada.

Cayetano volvió a quedar por debajo de su lote. Con el precioso colorao segundo, extraordinariamente noble, se limitó a dar pases despegadísimos, utilizando el pico y echando el toro hacia fuera. Tanto en verónicas, de buena composición, como en un quite por cordobinas, lanceó de manera muy desceñida. Por cierto, la cordobina, que está dando lugar a muchas confusiones, se inicia como la tafallera, o sea de espaldas, y con el compás abierto, pero se da salida acompañando al toro a media altura. Debe su nombre a su creador, el mexicano Jesús Córdoba.

Con el serio y noble quinto, salvo unas gaoneras auténticas, Cayetano volvió a torear muy despegado.

En el festejo, huérfano de trofeos, ¡qué importa!, se rezumó torería y esa rivalidad que el público de nuestros días tanto y tanto echa de menos. Al fin, el fuego del toreo creció avivado por dos sevillanos que se retaron con orgullo torero: Morante de la Puebla y Daniel Luque.

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