Pérez Sendino deslumbra en un pregón taurino lleno de emotividad y pureza

  • El psiquiatra aúna recuerdos y sentimientos vividos como aficionado en la plaza de toros de Algeciras y ensalza el ritual de la Fiesta donde el toreo es pasión, emoción e ilusión y la lucha entre la vida y la muerte

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No cabía un alfiler en el claustro de la Fundación Municipal de Cultura José Luis Cano de Algeciras. Como en las grandes tardes del clavel se puso el cartel de no hay billetes con un público con ansias de escuchar. Un pregón taurino en el que Agustín Pérez Sendino se lució en una faena completa, llena de sentimiento, pureza y verdad. Mucha verdad. Recuerdos, vivencias y eternidad, porque el pregón de ayer pasará a la historia taurina de la ciudad.

En el prólogo, la delegada de Medios de Comunicación, Carmen Mayordomo, destacó que el arte del toreo es una de las señas de identidad de la ciudad. Mientras, el matador de toros Salvador Vega fue director de lidia y trazó un perfil del pregonero como hombre lleno de sensibilidad hacia el toreo y gran amigo de los toreros.

Y tomó la palabra el doctor Pérez Sendino. Tocó varios temas con la facilidad de una figura del toreo consagrada. Un pregón que comenzó con tintes de Semana Santa y del Domingo de Resurrección, punto de partida de la temporada taurina. "Cuando acaba un rito de dolor y pasión comienza otro rito, un rito de luz, de color, de algarabía, de aroma a sal, de calor, de alegría. Un rito de algecireños que sueñan en zaino, lunares, vino, ojo de perdiz, mantones y naturales de algecireños que sueñan en feria y en toros", apuntó.

Pérez Sendino se gustó en una faena adornada con una serie de poemas de Gerardo Diego leídos por su hija Macarena. En sus primeros laces describió los recuerdos relatados con la Edad de Oro del toreo, Joselito y Juan Belmonte pasando por Manolete, Luis Miguel, Curro Romero, la casta de Paquirri y Ruiz Miguel, el valor sin límites de Paco Ojeda y Miguelín. " Miguel Mateo Miguelín, continuador de la saga gallista, poderoso en capote y banderillas, cabeza privilegiada y máximas facultades físicas; heterodoxo, iconoclasta y rebelde. Llena los años 60 de Algeciras, y de España entera; revolución de mayo en Las Ventas, 1968. Ser miguelinista es una forma de estar en el mundo".

Un pregón parido desde el corazón de un gran aficionado. Faena centrada en las vivencias y los recuerdos. Afirmó que el toreo es grandeza y belleza, pasión y miedo, emoción e ilusión. "Es todo aquello que cabe en la subjetividad de una verónica, que siendo cierta, pura y honda, tiene un millón de matices que arrancan el delirio de un millón de maneras distintas".

Pérez Sendino relató cómo vive un día de toros, la liturgia de un rito y el comienzo de la lucha entre la vida y la muerte. "El paseíllo nos anuncia quién viene y por qué viene, porque en un paseíllo pueden adivinarse muchas cosas de lo que puede pasar esa tarde. Las ilusiones están vírgenes y el sueño solo acaba de empezar, es el inicio de una tarde mágica o de una tarde aciaga, pero nunca para el olvido. Explosión de colores sobre el albero, suenan los clarines y se abre la boca del infierno o del cielo, la salida del que se bebe los vuelos del capote como agua fresca de la mañana".

Y se echó la muleta a la izquierda para plasmar las mejores series del pregón, al natural como los grandes del toreo. "Si la mano derecha manda, es la izquierda la que templa, citando con la muleta menguada, precediendo la embestida del toro con suavidad, con dulzura, con temple, quebrando la cintura hasta que el brazo parece querer despegarse del cuerpo. Llevándolo atrás, hasta lo imposible, y un detalle que marca la diferencia, un muñecazo que te deja colocado para volver a empezar el misterio de la creación perfecta. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y al séptimo descansó. El mundo en una mano, en la mano izquierda, la muñeca que templa".

Tampoco dejó pasar los valores que lleva intrínsecos la Fiesta. "Si somos capaces de apreciar la épica y la estética, tenemos la obligación de aplicar la ética al toreo. Una ética que inunda este mundo del toro, aunque no nos demos cuenta: queremos un toro íntegro y virgen. Queremos toreros que respeten al toro y a los que se les respete en sus batallas, queremos emperadores que no se burlen del Coliseo, queremos arte sin engaño, sin truco, sin ventajismos, queremos un mundo del toro íntegro. Y el mayor gesto de integridad y ética que aplicamos a este mundo es el indulto del toro, porque sin él no somos nada, porque a él se lo debemos todo", concluyó el pregonero.

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