La Puerta Grande de Las Ventas ensancha

  • César Jiménez, que contó con el mejor lote, sale en hombros, por tercera vez en su carrera, en la plaza de Las Ventas, tras un triunfo contestado · Eugenio de Mora y Javier Cortés, de vacío, cumplen

GANADERÍA: Se lidiaron cinco toros de la ganadería de Peñajara, muy dispares en hechuras -aunque en su conjunto feos- y comportamiento; destacando el segundo, que embistió con humillación y nobleza y fue ovacionado; y como contrapunto, el primero, justo de trapío y peligroso, que fue pitado. Un sobrero de Carmen Segovia, como quinto bis, bien presentado y manejable. TOREROS: Eugenio de Mora, de champán y oro. Estocada (silencio). En el cuarto, estocada desprendida (silencio). César Jiménez, de azul y oro. Estocada (oreja). En el quinto, estocada entera desprendida (oreja). Javier Cortés, de nazareno y oro. Pinchazo caidísimo, bajonazo y cuatro descabellos (silencio). En el sexto, un pinchazo y una estocada (silencio). Incidencias: Plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid. Martes 31 de mayo de 2011. Casi lleno. Viento. César Jiménez salió a hombros por la Puerta Grande. Eugenio de Mora sufrió una cornada en la mano derecha, de pronóstico leve. En banderillas, saludó Jesús Arruga, en el quinto, tras un par de gran exposición.

La Puerta Grande de Las Ventas dilató ayer. La abrió César Jiménez, quien contó con el mejor lote. Ante su primer toro, uno de los de mayor franqueza de la Feria de San Isidro y que fue extraordinario en la muleta, no llegó a redondear una faena que resultó buena. Rodalito, de pinta negra y 555 kilos, altote, que había cumplido sin más en los primeros tercios, persiguió la tela encarnada de Jiménez con extraordinaria humillación y nobleza. El madrileño, tras un comienzo con una tanda de hasta diez derechazos de rodillas, intercaló tandas por ambos pitones, en las que faltó más reposo. Brilló especialmente en una serie con la diestra con ligazón y otra con la izquierda en la que bajó mucho la mano. Tras estocada eficaz cobró una oreja.

El quinto, feísimo, fue devuelto por sus escasas fuerzas. El quinto bis, serio y feote, con el hierro de Carmen Segovia, fue protestado por su flojedad -perdió las manos en el primer tercio-, pero se recuperó. En la muleta, se quedaba corto y lanzaba tornillazos a final de cada pase. Jiménez, en esta ocasión, mostró su mejor cara. Muy seguro, dominó y alargó los muletazos con ambas manos. Cuajó con rotundidad una serie con la diestra y otra al natural. Hubo pases de pecho de muy buen trazo y adornos como inspirados cambios de mano. Se tiró bien en la suerte suprema, pero la estocada quedó desprendida. Fue premiado con otra oreja, entre las protestas de parte del público, que increpó al presidente.

Eugenio de Mora, para evitar el viento, se encerró demasiado con su lote, que en ese terreno acusó más sus defectos. Con el primero, bien presentado, con genio, aguantó estoicamente coladas peligrosísimas. El manso cuarto, alto y zancudo, saltó de salida, metiendo el pavor entre la gente que ocupaba el callejón. De Mora, que sufrió una cornada en la mano derecha cuando daba un pase de pecho, se peleó con el complicado animal sin poder lucirse.

Javier Cortés dejó una grata impresión con un lote imposible. Ante el tercero, de feas hechuras, que medía mucho, se la jugó con serenidad. En uno de los pasajes, el toro le zancadilleó y el diestro, que yacía en la arena, prácticamente cogido, le arrojó la muleta al hocico al tiempo que giraba sobre sí mismo para evitar una cornada ya cantada. En la distancia corta, expuso mucho. Pero el torero madrileño dio un mitin con los aceros.

Con el colorao sexto, también de feas hechuras, que acometía rebrincado y lanzaba hachazos sorpresivos, Javier Cortés no pudo lucirse. Su peón José Manuel Infante le libró de una cornada cantada, en un quite al riesgo oportunísimo. Y César Jiménez estuvo también brillante, atento para un posible quite a un picador derribado, que quedó al descubierto, y dominó con autoridad la situación de peligro creada por el toro en el tercio de varas.

César Jiménez vivió una de sus tardes de gloria. Pero no fue redonda a tenor de las protestas de muchos aficionados, que entendieron que su salida por la Puerta Grande de Las Ventas -ayer dilatada- no correspondía al rigor que requiere la primera plaza del mundo.

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