Robleño se impone en una dura corrida de Escolar

  • El diestro madrileño cosecha un par de ovaciones en una actuación de gran calado lidiador · López Chaves cumple y Lázaro no pasa de pundonoroso

GANADERÍA: Corrida de José Escolar, de desigual presentación, resultó complicada. TOREROS: Domingo López Chaves, de frambuesa y oro. Media y dos descabellos (silencio). En el cuarto, bajonazo (silencio). Fernando Robleño, de tabaco y oro. Estocada (saludos tras ovación y aviso). En el quinto, estocada y dos descabellos (saludos tras ovación). José María Lázaro, de sangre de toro y oro. Tres pinchazos y estocada (silencio). En el sexto, media y descabellos (silencio). Incidencias: Plaza de toros de Las Ventas. Jueves 31 de mayo de 2012. Casi lleno. En banderillas, se desmonteró Jesús Talaván, tras banderillear al cuarto toro, tras un par en el que expuso una barbaridad.

Los toros de José Escolar -procedencia Albaserrada- son ahora los más parecidos a aquellos victorinos de los setenta, de respetables velas y complicados, con fama de alimañas. Toros para una lidia en el amplio sentido de la palabra y, luego, una vez que se han dominado, para lucirse.

El encierro de ayer en Las Ventas, con el hierro de Escolar, rememoró mucho a aquellos astados del Paleto de Galapagar, incluida la pinta cárdena. De desigual presentación, no permitieron fallos en su lidia. De la terna compuesta por Domingo López Chaves, Fernando Robleño y José María Lázaro, el más ducho y preparado para la dura batalla fue el segundo en antigüedad.

Robleño, muy despierto, se manejó bien ante su temperamental lote. El corniveleto y casi cornipaso segundo, muy en el tipo de Victorino, coronado por dos imponentes navajas, fue ovacionado de salida. El escolar peleó con bravura en el primer tercio. En la muleta, con fiereza, desarrolló sentido. El madrileño, en los medios, se la jugó de verdad en un firme y dilatado trasteo a la antigua usanza, tras ganar terreno con unas mandonas verónicas.

El quinto, cinqueño, muy ofensivo y largo, cumplió en varas y sufrió una transformación total en banderillas; esperando con peligro. El diestro de San Fernando de Henares apostó por un macheteo de torero macho, con vergüenza torera, jugándose la vida sin cuento. Un macheteo que comenzó con buenos doblones, pero que no remató certeramente con los aceros.

López Chaves cumplió con el que abrió plaza, al que le faltaba algo de remate y acometió gazapón. El cuarto, cornivuelto, hizo una buena pelea en varas. Cambió para mal en el segundo tercio, en el que esperó y en el que Jesús Talaván se jugó la barriga en un par en el que expuso una barbaridad. El toro, en la muleta, tras embestir en un par de tandas, se lo pensó. Chaves apostó por la larga distancia en lugar de empapar al toro en sus embestidas, lo que dejaba muchas ventanas abiertas en los cites. El toro fue desarrollando sentido y el torero no acabó imponiéndose. El público se posicionó a favor del astado, al que ovacionó en el arrastre.

Lázaro, con menos bagaje y recursos que sus compañeros, se mostró pundonoroso ante su lote. El cinqueño tercero, que remató con una gran violencia contra las tablas en la salida, embistió descoordinado. Era imposible el lucimiento.

El descarado sexto, montado y largo, cumplió en el caballo, tras arrancar la capa a Lázaro en los lances de recibo. La labor muleteril, que comenzó bien con la diestra, con un par de series entonadas, se difuminó. El toro, por el izquierdo, se tiraba al pecho.

El espectáculo no fue para comer pipas. Se palpaba el peligro en cada lance y en cada muletazo; en cada puyazo y en cada par de banderillas. Saltaron toros encastados al ruedo. Y eso, tal como anda la cabaña brava en su conjunto, es noticia.

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