Voluntad para no aburrirse

  • Conchi Ríos cortó la única oreja de una novillada con expectación

Se esperaba mucho más de los Lagunajanda, sobre el papel eran garantía de éxito pero nada más lejos de la realidad. Su presencia no asustaba y sus fuerzas se quedaron en la dehesa. Así las cosas, todo era aburrido y salvando detalles de calidad la tarde no fue de las que crean afición. Menos mal que los novilleros pusieron empeño y ganas, porque de no ser así, aquí se acabaría la historia de una tarde anodina en lo ganadero que impidió que lo demás luciera, al menos en el esplendor deseado.

Cuando el novillo no trasmite, la emoción no se respira en el ruedo y por ende, no llega al tendido. Las faenas no resultan ni buenas ni malas. Justificar una actuación es fácil, lucir una tarde, prácticamente imposible. Ilusiones rotas y oportunidades perdidas, pero al menos nadie puede reprochar la voluntad y momentos lucidos, aunque sueltos, de los novilleros.

A destacar El Nico y Conchi Ríos por su intento de agradar y dejar una impronta que merece una llamada de atención.

La única oreja del festejo fue a parar al esportón de la novillera, en esta ocasión no por un toreo lleno de exquisiteces sino por sus tremendas ganas y no arrugarse ante los numerosos revolcones, sin consecuencias, del sexto, un novillo que no decía nada y que enganchaba porque se defendía. Tres pases muy largos por el pitón derecho justificaron casi una faena. Le faltó medir, pero no ilusión. El tercero, no trasmitía nada pero Conchi Ríos lo intentó todo, incluso la segunda tanda al natural tuvo cadencia y pases largos. El público reconoció sus quehacer y momentos de temple y torería.

El Nico venía muy mentalizado para ratificar sus buenas actuaciones en el coso granadino, pero su lote era difícil, cuando no imposible. A porta gayola en sus dos novillos, la predisposición se palpaba, las ganas se sentían pero los novillos no fueron de los que te dejan lucir. Citó de lejos tras su brindis a Ramírez, pies juntos en el centro y ligazón. El novillo no trasmitía y había que perderle pasos para poder ligar las tandas, pese a ello, lució temple y largura en algunas fases de la faena. Al quinto le faltó emoción, pese a lo cual insistió por ambos pitones y estuvo por encima del novillo, luciendo hondura al natural.

Luis Miguel Casares pasó inadvertido en el primero, toque justo y temple en algunas fases no impidieron que a su faena le faltara emoción y hondura. Sin demasiado compromiso ni continuidad despachó al flojo cuarto.

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