De los aficionados en el lugar en el que anida el espíritu zen

  • Un público sabio y escaso acude a ver a Moreno y a dos más

Ayer se celebró la primera corrida con toros adultos y los escasos aficionados se comportaron como tales. Es más, estos aficionados que no acuden al reclamo del torero famoso, sino que parecen vivir en la plaza aguardando el descubrimiento del nuevo mesías son ejemplo de espíritu zen: ni se alteran, ni piden música a destiempo, ni regalan orejas como si fuesen un rey negro de pega con bolsones de caramelos en el tractor. Son cabales como para hacer un documental para la BBC que podría titularse: "Cuando el dinosaurio despertó, el aficionado cordobés ya estaba allí".

Imbuidos de ese espíritu estoico estaban en la plaza desde el presidente de Cajasur, Santiago Gómez Sierra, acompañado de su padre, hasta el jefe de prensa del Obispado, José Juan Jiménez Güeto. No faltaban los conocidos sin sotana, caso de Marcelino Ferrero, del comisario José Manuel de la Rosa, del ex comisario y ex presidente del aplaza Diego Márquez y del presidente de la Federación de Autónomos, Lorenzo Amor, a quien seguramente, a medida que morían los toros se le iban saltando las lágrimas pensando en la muerte de los pequeños negocios regentados por autónomos arrastrados por la crisis.

En la plaza nunca falta ayuda médica porque, como le ocurrió al torero Rafaelillo, algunos diestros pretenden matar al toro con la garganta y van y en vez de atacar al morrillo atacan al cuerno. De resultas andan chorreando sangre por el corbatín hasta que el cirujano de la plaza, Eugenio Arévalo, les corta la hemorragia. Por si fuese menester estaban al quite el doctor Concha, siempre con sus bolsillos llenos de corazones y, en la tarde de ayer, el gerente del hospital Reina Sofía, José Manuel Aranda.

Y digo lo de Rafaelillo porque un artista de cierto renombre, de estos que llaman visuales o de videoarte, Álex Francés, lo grababa ayer para su próxima obra que versa sobre el dolor. Acertó de pleno.

En un palco estaba el futbolista Javi Flores, quizá allí subido para ver como se ven las cosas desde arriba ya que con el equipo blanquiverde siempre se ven las cosas desde abajo, sintiendo el aliento del infierno de la segunda B, algo que ya está más alejado gracias al triunfo del sábado frente al Levante. Qué alivio más grande.

Y desde el callejón,el empresario Caldas, disfrazado otra vez de Jack Nicholson, oía el vacío de la grada y la sabiduría de esos aficionados que viven en el Coso de Los Califas comiendo pipas con espíritu zen y esperando la llegada de la masa enfebrecida.

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