De ambiente de gala a pobre función

  • La terna, de vacío, con una desigual corrida de Victoriano del Río · El Juli, con un poder envidiable, consigue lo más destacado ante el tercero

Segunda corrida de la feria del aniversario

Ganadería: Cinco toros de Victoriano del Río y uno -el sexto- con el hierro de Toros de Cortés, de la misma casa ganadera, muy dispares en presentación, con dos astados protestados por su trapío: tercero y sexto. Los tres primeros cinqueños. Primero, de embestida descompuesta; segundo, reservón; tercero, con movilidad, pero sin calidad y descoordinado; cuarto, noblón, pero de escaso recorrido; quinto, rebrincado y que se quedaba corto y sexto, deslucido y que se rajó pronto.

Toreros: Juan Mora, de verde y oro. Casi entera y tres descabellos (silencio). En el cuarto, Entera algo caída y cuatro descabellos (silencio). José Antonio 'Morante de la Puebla', de negro y oro. Media caída (silencio). En el quinto, dos pinchazos, casi entera y un descabello (silencio). Julián López 'El Juli', de azul y oro. Estocada que hace guardia y dos descabellos (silencio). En el sexto, Media estocada (silencio).

Incidencias: Las Ventas. Miércoles 8 de junio. Corrida de la Beneficencia. No hay billetes. Viento. Tras el paseíllo sonó el himno nacional. Don Felipe presidió el festejo, honorariamente, desde el palco real, recibiendo brindis de los tres diestros.

Los festejos taurinos tradicionales catalogados de extraordinarios, que avivan la ilusión del público, suelen estar perseguidos por ese maldito aserto de "corrida de expectación, corrida de decepción", que como temible y peligroso marrajo suele encampanarse en los medios y acabar empitonando la esperanza de miles de espectadores. Ayer era uno de esos días grandes, con una plaza de Las Ventas en la que no cabía un alfiler. La Corrida de Beneficiencia de Madrid, para no contradecir el adagio, presidida por el príncipe Felipe, resultó un fiasco. Dentro de un espectáculo que en su conjunto resultó grisáceo, en gran medida por un encierro desigual y hasta con algunos toros mal presentados de Victoriano del Río, destacó Julián López El Juli, quien sobresalió por su dominio y poder. 

El Juli cuidó en el caballo al tercer toro, protestado por su trapío. El astado llegó a la muleta con movilidad, aunque sin calidad. Perseguía el engaño a trompicones, como si estuviera descoordinado. El madrileño lo fue confiando en sendas tandas, muy buenas, por ambos pitones. En la segunda parte, con el toro dominado, hilvanó otras dos series con derechazos y naturales de mano baja, excepcionales. Pases de la firma y del desprecio fueron rúbricas de calidad en varias tandas. Lo que parecía que iba a premio quedó en silencio tras matar con una estocada haciendo guardia -en la que posiblemente el toro se frenó- y dos descabellos.

El altote sexto, único toro con el hierro de Toros de Cortés, de fea presentación y bizco del derecho, embistió con acometidas rebrincadas y se rajó pronto. El Juli dibujó dos verónicas lentísimas en un quite. Con la muleta desplegó una seguridad de maestro. En el sitio, con los pies atornillados y la franela en la diestra, brilló especialmente en una serie en la que barrió con los vuelos de su muleta la arena. Aunque el toro se rajó de inmediato y echaba la cara arriba, el madrileño consiguió buenos naturales; pero fue imposible la ligazón. 

El veterano estilista Juan Mora, con cierto olor a torería en algunos pasajes, cumplió con una digna actuación. Ante el que abrió plaza, serio, de embestidas descompuestas, empleó un macheteo a la antigua usanza, como preámbulo para un trasteo discreto; descollando algunos muletazos de buen trazo. En la suerte suprema cambió un pitonazo en la boca a cambio de enterrar casi por completo la espada. El extremeño precisó de tres descabellos para despachar al astado.

El cuarto, bien hecho, aunque con poca cara, se empleó en varas y derribó en el primer envite. Sin embargo, perdió gas y llegó a la muleta noblón, pero con escaso recorrido, apagándose como una vela. Juan Mora comenzó su faena con un inicio muy expresivo. Luego, la labor no llegó a cobrar vuelo. Lo mejor en este toro corrió a cargo de Morante, en un quite por bellas chicuelinas, al que respondió Mora con unas verónicas a pies juntos que no resultaron lucidas.

Morante de la Puebla, con un lote reservón, pasó sin pena ni gloria. El segundo, con cara, pero falto de remate, fue protestado por su flojedad inicial. El diestro sevillano se lució en un par de verónicas. Con la muleta, labor sin contenido, que comenzó con una apertura esperanzadora con la diestra y acabó de manera deslucida, incluyendo un desarme.

El quinto, con malas condiciones, embistió rebrincado y se quedaba muy corto tras las telas. Morante porfió sin conseguir nada destacable y falló con los aceros.

Fuera por el fallo en la suerte suprema, por los toros o por otras causas, la Corrida de Beneficiencia de Madrid, celebrada ayer en Las Ventas, se diluyó y pasó de un excelente ambiente de gala a una pobre función.

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