Una infumable corrida de La Campana arruina el festejo

  • Luis Francisco Esplá fue ovacionado en su lote en el día de su despedida ante sus paisanos. Morante de la Puebla fue silenciado. Castella cosechó palmas.

Quinta corrida de la Feria de Alicante

GANADERÍA: Toros de La Campana, correctos de presentación, flojos y descastado en conjunto. Varios de ellos se echaron durante la lidia. Un sobrero de Juan Pedro Domecq, como tercero bis, parado, soso y descastado.

TOREROS: Luis Francisco Esplá, palmas y saludos. José Antonio ‘Morante de la Puebla’, silencio en ambos. Sebastián Castella, palmas y silencio.

Incidencias: Plaza de toros de Alicante. Tres cuartos de entrada.

El pésimo juego de los toros de La Campana, y también del anovillado sobrero de Juan Pedro Domecq imposibilitó cualquier lucimiento en el día grande de la feria alicantina, donde Luis Francisco Esplá, Morante de la Puebla y Sebastián Castella se estrellaron en una tarde sin historia en la que Esplá dijo adiós a sus paisanos.

Luis Francisco Esplá recibió una fortísima ovación en la tarde del adiós en su tierra. Después, y aunque salió con ganas y arriesgó en banderillas en un par por los adentros, el toro se desplomó y terminó echándose en el primer muletazo, acabándose la historia. Otra recogió después de estoquear al último toro de su carrera ante sus paisanos, un ejemplar deslucido, que se cayó ya en banderillas, donde a punto estuvo de cogerle y con el que, pese a ello, lo intentó el alicantino.

Morante de la Puebla sorteó en primer turno un ejemplar orientado y violento en los primeros tercios, que incluso llegó a poner en apuros a Rafael Cuesta con el capote. El sevillano se justificó con él al natural, queriendo frente a un toro flojo y descastado, imposible. Pinchó varias ocasiones. El quinto fue un toro a la defensiva por flojo con el que Morante se gustó en lances a la verónica y con el que no pudo hacer nada con la muleta, antes de fallar repetidamente con los aceros.

El primer toro que le tocó en suerte a Castella fue devuelto a los corrales por inválido. El sobrero de Juan Pedro, de indecorosa presentación, se acabó en un suspiro. Castella lo intentó con ganas, acortando distancias, pero la faena careció de cualquier emoción con semejante ejemplar.

El sexto, del hierro titular, fue más de lo mismo. Sin raza ni fuerza, parado y descastado, no había opción de lucimiento para el francés, que lo intentó dándole sitio y después metiéndose en corto en tablas, con el toro rajado.

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