Un libro necesario

Hay quienes temen que, tras la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, la situación en otras comunidades también empieza a estar en peligro. Haber señalado con especial énfasis el papel desempeñado por el nacionalismo político en la aprobación de la ley abolicionista, ha difuminado la importancia del grupo ideológico que tomó la iniciativa en tal empeño y que fue el que suministró, y continúa suministrando, el apoyo teórico a la campaña. Este movimiento animalista, envalentonado por su logro catalán, va a aumentar aún más su ofensiva, captando al público que puede ser sensible a su ideario. Público (incluido el político) que puede ser cada vez mayor porque se alimenta no sólo de sus partidarios ecologistas y naturalistas, también del cada vez más amplio número de indiferentes ante la fiesta de toros, a los que hay que sumar los que la consideran un espectáculo rancio y antimoderno. Mientras tanto el mundo de los taurinos, acostumbrado a vivir sin trabas y enemigos exteriores, no reacciona ni se percata de la gravedad existente. No sólo no distinguen cuál es el origen del problema, sino que se empeñan en un brindis al sol, reclamando el traspaso de competencias de un ministerio a otro, como si en ese cambio formal residiera alguna posible solución.

Afortunadamente, desde otros lados, hay quienes acuden a la llamada de esta fiesta taurina asediada y en peligro. Cubren así lo que no hacen aquellos que, estando, como actores de la misma, en un primer plano, deberían ser los primeros en reflexionar sobre el mejor modo de plantar cara a un enemigo que no va a cejar en su empeño.

Una nueva respuesta se une, pues, a las iniciativas intelectuales que se están promoviendo en los últimos meses. En esta ocasión la encarna Fernando Savater, con la publicación de un libro sumamente necesario. Y debe resaltarse, que el autor no responde a esta llamada porque le afecte directamente, ya que no se trata de un apasionado seguidor sin fisuras de la tauromaquia. Pertenece más bien al tipo de aficionado consciente de que los espectáculos ya no son lo que eran; por eso se acerca a las plazas de toros de manera intermitente, sin reincidir en demasía, Sin embargo no le ha parecido tolerable que, en el debate filosófico y ético que se está planteando, la opción favorable a las corridas de toros no cuente con mayor peso y razonamientos. No sólo para defender una causa concreta, también porque no debe consentirse que una "moral única" impuesta por unos, deba convertirse en obligatoria para todos. El lema subyacente que propaga el libro podría ser "defendiendo las corridas de toros, defendemos la libertad de todos". Se trata, por tanto, de un libro necesario porque suministra los argumentos que pueden y deben neutralizar la ofensiva animalista, pero, además, porque sitúa el debate en un horizonte filosófico relevante. No es una cuestión menor la que está en juego, y por ello mismo hay que armarse de razones. El recurso a los tradicionales tópicos de ancestral retórica ("la tauromaquia es la expresión del alma española y por ello nunca podrá ser erradicada de nuestro país") no resulta válido ante los cambios de sensibilidad que se han producido en una sociedad, como la española, cada vez más urbana y menos rural. Y que, consecuentemente, ha provocado la idealización de los animales y la compasión por éstos.

Esta obra de Fernando Savater (Tauroética, editado por Turpial) quizás no consiga conversiones entre los detractores de la corrida, pero sí puede crear un nuevo clima de confianza entre aquellos aficionados que añoraban un mayor apoyo teórico para su causa. Y sobre todo puede movilizar a todos aquellos que no captaban todavía el verdadero problema ético de fondo que se está debatiendo. La habitual gracia y trasparencia expresiva del autor posibilita que un libro que plantea, a veces cuestiones abstractas, pueda, embargo, seguirse muy bien. El pequeño esfuerzo exigible le permitirá al lector salir reforzado en ideas y en animosas expectativas.

De todas formas, que prevalezca en casi todas sus páginas, como confrontación mayor, la polémica con los animalistas, no significa que Savater ignore que también en la tauromaquia existe un evidente proceso de envilecimiento interior, provocado por muchos de sus propios actores. Por eso no deja de subrayar sus "degeneraciones comerciales y turísticas" ya que "son estas formas de degradar la fiesta lo que constituye la mayor amenaza para su supervivencia, mucho más que las iniciativas prohibicionistas de los antitaurinos". Por tanto, no hay que olvidar que son dos los frentes en los que combatir. Para uno ellos, tenemos ya la mejor y más reflexionada ayuda.

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