La vida en colores

  • Alberto Amate presenta en La Normal su primera exposición de dibujos, de trazos vivos, generosos y llenos de luz

Jesús Amate no puede contenerse. Gira la cabeza hacia su hermano y busca apoyarla en su hombro. Es apenas un segundo de inmensa ternura. Alberto Amate, el hermano pequeño que está a punto de cumplir 22 primaveras, limpia con sus manos gordezuelas las lágrimas que ya asoman en los ojos de Jesús. Alberto es el benjamín de la familia. Jesús está a punto de terminar el grado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos. Pese a que en su casa hay habitaciones de sobra, comparten dormitorio. "Sentimos una pasión mutua y una admiración constante", presume Jesús. Les acompañan su familia y una nutrida representación del alumnado del Centro Público Específico de Educación Especial Jean Piaget, en Ogíjares, y del San Rafael. El motivo de esta multitudinaria reunión es la inauguración de la primera exposición de dibujos de Alberto, ex alumno del centro.

Alberto es "presumido", siente "obsesión por el fútbol" -se confiesa hincha del Real Madrid, aunque en casa también trabajan para que haga un hueco al Granada CF- y desde los 12 años forma parte de la comunidad educativa del Jean Piaget, centro en el que este curso hay matriculados 84 alumnos de entre 3 y 20 años. Sus padres, Rosario y Jesús, se reconocen "muy orgullosos y sorprendidos" en la inauguración de la exposición de dibujos de su hijo. Fue en la etapa final en el "cole" cuando a Alberto se le despertó el gusanillo del dibujo. Siempre ha sido muy inquieto, reconocen sus padres. Los suyos son trazos enérgicos, siluetas y líneas en negro que se complementan con colores vivos. Naranjas, amarillos, verdes, ocres. Todo combina. Aparecen corazones por doquier -sobre todo en la parte superior del dibujo, como nubecillas que acompañan la escena que retrata este singular artista granadino-, y junto a la firma de Alberto casi siempre aparece el nombre de su adorado Cristiano Ronaldo. "En casa dibuja cuando quiere hacer un regalo", indica Rosario. Es su manera de obsequiar a los demás.

Entró en el Jean Piaget después de cursar Primaria en el Alquería. Fue la alternativa elegida por sus padres cuando llegó el momento de entrar en la Secundaria. En el centro de Ogíjares -que atiende a alumnos de toda la provincia- ha realizado talleres de "carpintería, de jardinería, de auxiliar de oficina". María Jesús Ruiz ha sido docente de Alberto los tres últimos cursos de su etapa en el Piaget. Le conoce bien y no duda en describirle como una "persona generosa, noble, que es transparente". No es capaz de esconder sus sentimientos -ayer hubo también momentos en los que afloró su timidez, como cuando se tapaba la boca, nervioso, mientras le tomaban las fotos que ilustran esta página- y el recorrido realizado en estos tres últimos años le ha permitido ganar en "madurez". Porque no son niños eternamente. "Maduran igual que nosotros, cuando les llega su momento", indica la docente, que también revela que Alberto también disfruta cuando toca el cajón flamenco y que siente debilidad por tener novias.

Junto a Alberto, toda su familia. Destaca la presencia de Jesús, uno de sus dos hermanos. "No hace falta una exposición para que sienta orgullo de él", apostilla, convencido de que tener un hermano con el desparpajo de Alberto, sus hechuras de chico robusto, sus ojos achinados y sus manos rechonchas "me ha cambiado la visión del mundo. Siempre he ido a más gracias a él". También admite que da "trabajo, pero se hace con gusto. Es una bendición". Alberto, ajeno seguramente a esa capacidad de influencia que ejerce en su entorno, muestra feliz sus dibujos al delegado de Educación, Germán González, que destacó en la presentación de la exposición que el del Jean Piaget es un "proyecto educativo que hay que cuidar" y destacó que "poner otra mirada es fundamental". El de Ogíjares es el único centro educativo público de la provincia en el que todo el alumnado presenta alguna discapacidad. Cuenta con un Periodo de Formación para la Transición a la Vida Adulta y Laboral, en el que los alumnos pueden estar matriculados desde los 16 años -cuando por edad, la escolarización deja de ser obligatoria- hasta los 20 años, cuando finaliza su etapa en el Piaget.

Alberto, este curso, está en casa. Su madre, Rosario, señala que solicitó plaza en un taller ocupacional, pero se quedó fuera. En este año sabático, Rosario reconoce a la que fue profesora de Alberto que éste echa de menos el "cole".

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