José María Sánchez de puerta. Abogado

"Después de todo este tiempo, yo no conozco al verdadero José Bretón"

  • Con 43 años de trayectoria profesional a sus espaldas, asegura que jamás ha conocido un caso con tantas irregularidades como el caso Bretón, el más mediático que ha pasado por su despacho

EN un rincón del despacho de José María Sánchez de Puerta, bien apilado, se encuentra el sumario de uno de los casos más mediáticos de los últimos años: la desaparición de Ruth y José. Por sus manos han pasado cada uno de sus miles de folios. Ahora que ya no es el abogado defensor de José Bretón espera a que el Tribunal Supremo emita su resolución para archivarlo. Pero, aunque desaparezca de su vista, este caso ha marcado su carrera y su vida. Al que era su cliente lo define como una persona "quisquillosa", al que, a pesar de las muchas horas que han pasado juntos, no ha logrado quitar su armadura de hierro.

-Apellidarse Sánchez de Puerta en Córdoba es toda una responsabilidad...

-Pues sí. Es un apellido muy cordobés, aunque proviene de La Rambla. Nosotros somos oriundos de las montañas de Burgos, según consta en nuestro blasón, pero es un apellido muy antiguo en Córdoba y, sobre todo, con unas reminiscencias taurinas muy grandes. Manolete estuvo muy vinculado a mi familia, fue íntimo de la casa. Por todo ello, reconozco que presumo de apellido.

-¿Por qué estudió usted Derecho?

-Desde pequeño tuve la vocación de ser abogado. Con 12 o 13 años me iba a la Audiencia de Córdoba, que entonces estaba en Gran Capitán donde ahora está Hacienda, y me veía todos los juicios que podía. Cuando terminé de estudiar Derecho, hace 43 años, tuve la duda de hacer adjudicatura, pero definitivamente me decanté por ejercer la abogacía. Tuve la suerte de que se me abrió un despacho muy bueno, el de don Antonio Muñoz Ramírez de Vergel, donde pasé con él cinco años. Después monté mi primer despacho en la calle Manuel de Sandoval número uno con un socio, Ignacio Navarro Salinas. Estuvimos 25 años juntos hasta que ya monté este despacho definitivo (situado en la plaza San Miguel) donde continúo trabajando junto a mis colaboradores.

-¿Recuerda su primer juicio?

-Sí, lo recuerdo perfectamente. Mi primer juicio fue en el año 71 por un atentado a la autoridad de un indigente que le hizo un pequeño corte con una navaja a un policía al ser requerido. Al final no lo gané, pero la sala, al ser novato, fue benevolente conmigo.

-¿Cree que en estos momentos la justicia es justa?

-La justicia siempre es justa. Yo estoy en esta bendita profesión porque creo a pie juntillas que la justicia tiene una equidad fuera de lo normal. El gran problema es los pocos medios que tenemos.

-¿Y es justa para todos de igual manera?

-Yo creo que sí. Podrá haber algunas excepciones, pero estas excepciones confirman la regla. Pero indudablemente es justa para todos.

-¿Cómo se encuentra la justicia en Córdoba?

-En Córdoba está desbordada, como en todas las capitales de provincia, y de Madrid o Barcelona ni hablemos. El gran problema de la justicia es la lentitud que tiene, no es de recibo que para un asunto medio deban pasar dos años para juzgar. Pero hay tantísimos asuntos sobre la mesa que lógicamente se comprende esta lentitud, que se podría subsanar teniendo otros medios informáticos superiores y con más medios humanos. Me da pena ver cómo trabaja la gente en los juzgados. Si las cosas salen bien a veces es porque Dios quiere.

-Como usted mismo reconoce su trayectoria es muy extensa y dilatada, ¿le molesta o le ha marcado que se le reconozca por ser el abogado de José Bretón?

-Yo el caso de José Bretón lo he llevado como un asunto más de los muchos que ha llevado este despacho. Y no es el único importante que hemos tenido, pero no han tenido la repercusión mediática de este asunto como, por ejemplo, la Operación Membrillo o el violador de los ascensores. Todos ellos me han marcado porque han sido unos galones en mi carrera que marcan al abogado que los lleva.

-¿Cómo ha llevado las críticas o que le señalen con el dedo?

-Ha habido de todo. Hay gente que me ha dado la enhorabuena, que me ha dado ánimos y que me ha agasajado; mientras que otra gente me ha criticado. Pero, en fin, cuando me hice cargo de este asunto asumí todas las consecuencias. Que sea justo o injusto, yo no soy quién para juzgarlo, pero lo que tengo claro es que he cumplido con mi obligación de abogado defensor y he salido satisfecho de cómo se ha desarrollado el asunto, a parte del resultado. Mi equipo y yo nos hemos volcado y lo hemos defendido lo mejor que hemos podido.

-Al principio cuando se hizo cargo del caso, ¿pensaba que llegaría a ser tan mediático?

-No, no creía que iba a ser tan mediático. Éste es un asunto que se ha desbordado no sólo a nivel regional, sino nacional e, incluso, internacional. Ha sido muy mediático, ha sido muy triste, y jamás pensé que iba a llegar a esta tesitura.

-Y si hubiese llegado a imaginar la repercusión que iba a tener, ¿lo hubiese aceptado igualmente?

-Lo hubiera hecho exactamente igual. Es mi obligación defender y, por lo tanto, el que es abogado no puede andar con problemas morales, siempre los debe dejar encima de la mesa y superarlos.

-¿Por qué se fijó Bretón en usted?

-Pues precisamente cuando estaba en Córdoba y en paro se estaba celebrando el juicio de la Operación Membrillo, que duró seis meses. Él iba a ver alguna de las sesiones y, entonces, se fijaría en mí. Cuando le detuvieron me designó. Me llamaron para decírmelo a las 06:00.

-¿No le extrañó el caso desde un principio?

-Claro que me extrañó y a su vez me pareció muy interesante. Tenía mucha defensa y lo cogí con verdadero interés.

-En numerosas ocasiones se ha comentado que su relación con José Bretón ha sido difícil, ¿es cierto?

-Ha sido complicada. Han sido dos años muy duros y de unas entrevistas muy largas, muy exhaustivas y, lógicamente, en ese tiempo ha habido discrepancias. Pero, también he de decir que siempre ha habido una unión entre abogado y cliente.

-¿Es José Bretón una persona complicada?

-Es complicada. Y tengo que decir que, después de todo este tiempo, yo todavía no conozco a José Bretón. Él conmigo se ha abierto mucho y hemos tenido conversaciones no sólo de este asunto, sino de cosas ajenas al procedimiento penal. Pero, una veces tenía un concepto de él y a lo diez o doce días cambiaba de idea y pensaba que era de otra forma. Por eso le digo que yo, después de todo este tiempo, no he terminado de conocerlo a fondo.

-¿Cree que es inocente?

-Sigo creyendo en su inocencia y que en la instrucción hubo errores garrafales de procedimiento y una violación de derechos fundamentales que espero que el Supremo tenga en cuenta.

-¿Con esto quiere decir que sigue creyendo en su versión?

-Mi obligación es creerme la versión del cliente y defenderlo con las armas que tengo. Por lo tanto, he llevado su defensa todo lo mejor que buenamente he podido.

-¿Él está contento con su trabajo?

-Supongo que sí.

-¿Quién rompió la relación?

-Eso sí que es secreto profesional. Me lo reservo.

-Antes ha apuntado a errores, ¿sigue pensando que en este caso hay muchas cosas que no se han hecho bien?

-Ha habido muchísimas irregularidades en el procedimiento. Después de 43 años de profesión, no he visto nunca siete secretos de sumario seguidos en seis meses, lo cual ha causado una indefensión que repercute en un fallo.

-¿Cree que se hicieron las cosas mal desde el principio?

-Es que ha habido tantas irregularidades desde un principio que ha sido un inmenso cúmulo de errores. Sobre todo hemos defendido la ruptura de la cadena de custodia de los huesos.

-¿Usted a día de hoy sigue sin creer en las conclusiones del informe del Francisco Etxeberria?

-No. Sigo manteniendo que los huesos que Etxeberria analizó no son los mismos que se recogieron en aquella hoguera. Es ilógico que una persona como doña Josefina Lamas, que lleva más de 20 años en la Policía Científica, diga de manera tan exhaustiva y con el tiempo que tuvo para realizar su informe, nada más y nada menos que un mes, que no eran huesos humanos, para que después con unas simples fotografías se sacaran con total claridad que eran huesos humanos. No me cabe en la cabeza. No lo veo lógico.

-Entonces piensa que esos huesos no son de Ruth y de José.

-Yo lo que defiendo es que no son los que se recogieron en la hoguera.

-Pero, ¿cree que Ruth y José pueden estar vivos?

-Es una posibilidad que hay y si así se demostrase imagínese el vuelco brutal que daría todo el procedimiento. Y confío en que esto se pueda producir.

-¿Ha sido este caso duro para usted?

-Ha sido muy duro . Cuando dejaba el despacho y llegaba a casa era un asunto que siempre lo he tenido en la cabeza, durante las 24 horas. Era imposible evadirme porque ponía la televisión y salía el caso Bretón, porque pensaba en cómo podía ir contra autos que el juez dictaba y que sólo tenía tres días para recurrirlos. Me despertaba por las noches y seguía pensando en el mismo asunto.

-¿Le ha llegado a afectar a su salud?

-No, no me ha afectado. En estos dos años coincidió con un problema de salud que tuve, pero que era totalmente ajeno. Tuve un cáncer y me operaron tres veces seguidas en dos meses y creo que lo he superado. Pero no pienso que esto pueda ser influenciado por el asunto Bretón sino porque Dios quiso que en aquel momento me detectaran un cáncer.

-Imagino que tiene que ser duro batallar contra un cáncer y a su vez con un caso así...

-Es muy duro, pero a mí me ayudó a superar el cáncer por el enorme trabajo que tenía. Me centré en mi trabajo y había momentos en los que mi enfermedad la tenía totalmente olvidada. Así que quizás me haya venido bien en ese aspecto.

-¿Qué opinión tiene de Ruth Ortiz?

-No puedo opinar de ella. Pero, hemos coincidido en un buen número de ocasiones y es una señora que ha sufrido lo indecible porque la pérdida tan radical de dos hijos debe ser horrorosa para una madre. Sé lo que ella ha sufrido y el desequilibrio psicológico que puede tener con este asunto. Siempre ha sabido mantener el tipo, por ello no es que la vea con cariño, pero sí con simpatía.

-¿Y de su letrada, Reposo Carrero?

-Igual. Entre los abogados cuando llegamos a una altura de la profesión esas rencillas o enemistades que puedan surgir por un asunto desaparecen totalmente. Cada uno comprende la postura que tiene en ese momento y, por lo tanto, yo con esta señora después del juicio nos hemos llevado muy bien y nos seguimos hablando, tenemos relación.

-Como expuso ante el TSJA, sigue defendiendo que, como marca la ley, los restos aún no se les pueden entregar a la madre.

-Por imperativo legal no se les pueden entregar. Hasta que no haya una sentencia firme que diga que esos huesos son de los niños no se les pueden entregar y esa sentencia aún no está.

-¿Cree que la nueva letrada de Bretón conseguirá que el Supremo dé la razón a su cliente?

-Ojalá. Yo, aunque ya no seas su letrado, no tengo nada contra José Bretón. Además, en un asunto con una condena tan grande como la que tiene encima, incluso veo normal que haya cambiado de abogado para ver si otro tiene mejor suerte o una vista jurídica diferente a la que yo he tenido hasta el momento.

-¿Cree que el Supremo es un órgano más imparcial? ¿Cuánto puede tardar en emitir su fallo?

-El Supremo es mucho más técnico que cualquier jurado de los que hasta ahora hemos tenido e, indudablemente, puede entrar a fondo en las irregularidades que he comentado anteriormente. Y puede tardar unos ocho o nueve meses en pronunciarse sobre este asunto. Hace diez o doce años un asunto podía estar en el Supremo dos años, pero ahora mismo los plazos son mucho más cortos.

-Cuando José Bretón fue trasladado a la cárcel de Villena usted era su letrado, ¿cómo recibió él esa decisión?

-No le sentó bien. Pero era un punto que yo se lo tenía anunciado. José Bretón es una persona muy quisquillosa y estaba siendo muy quisquilloso en prisión. Y se lo advertí. Le dije en numerosas ocasiones que tuviese mucho cuidado porque le podía venir un traslado cuando menos se lo esperase, tal y como pasó.

-¿Cómo lleva su familia todo este asunto?

-Su familia ha sufrido mucho y ha sido marcada y vituperada por la opinión pública. Es una injusticia porque ellos sí que son completamente ajenos a lo que pudo pasar en su momento. Hoy día ellos no creen, al igual que yo no lo creo, que José Bretón haya podido matar e incinerar a sus hijos. Confían en su inocencia.

-Casos como el de Ruth y José o el reciente caso Asunta han tenido mucha repercusión, ¿cree que la justicia se ha convertido en un circo mediático?

-La justicia no se ha convertido en circo. Lo que sí creo es que los medios han influido para que esto sea un circo mediático.

-¿Usted se ha dejado llevar por ese circo mediático?

-Yo he atendido siempre que he podido a los medios de comunicación porque creo que es mi obligación hacerlo. Es un trabajo que ustedes tienen que desarrollar y desde luego se les debe facilitar. Por eso es por lo que yo he comparecido tanto. Además, creo que el abogado defensor no debe ser única y exclusivamente defensor en sala, también ante la opinión púbica. Cuando he visto que a esta persona la han vituperado sin pruebas concluyentes he tenido que salir a la palestra e intentar defender a esta persona en la calle.

-¿Piensa que quizás se equivocó al exponerse tanto en los medios?

-No, creo que no. No me arrepiento de nada de lo que he hecho en este asunto. En absoluto.

-Hemos podido ver que en este caso ha estado muy cerca de usted su hijo Baldomero ¿esta garantizado el relevo generacional con él?

-Sí. Además cuenta con una gran afición por la profesión y creo que tiene madera de abogado penalista y espero que siga llevando el nombre de este despacho con altura. En este caso lo ha hecho perfectamente y me ha sorprendido su aplomo.

-¿Cómo ve el futuro de los jóvenes abogados?

-Lo veo peor que en mi época. Cuando yo me di de alta en el año 71 lo hicimos sólo cinco abogados, en el año 2013 se han dado de alta más de 200 letrados. Indudablemente hay una competencia entre ellos, por lo que el que sea bueno saldrá y el que no lo sea tendrá que dedicarse a otra cosa. Desde luego trabajo en Córdoba para 1.700 abogados que estamos en activo no hay.

-¿Qué opina de la ley de tasas?

-No estoy de acuerdo con ella porque si lo que se pretende con la ley de tasas es recortar el número de expedientes que cada juzgado pueda tramitar, nos está demostrando que no se está consiguiendo. Sólo se ha logrado un encarecimiento de la justicia que repercute en las personas más humildes que no pueden hacer frente a unas tasas que les repercute en su mermada economía.

-No quiero ser descarada, pero ¿cuándo tiene pensado jubilarse?

-No hay ningún problema. Tengo 68 años y me jubilaré cuando deje de venir con ilusión a este despacho. Cuando venga a desgana automáticamente me retiraré y colgaré' la toga.

-¿Qué hará cuando llegue ese momento?

-Me dedicaré a la agricultura, a los caballos que es mi gran afición, a viajar, pero sin duda seguiré echando de menos la toga.

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