Andalucía

Electoralismo presupuestario, parlamentarismo chusco

  • Moreno ha decidido dar en campaña titulares ventajistas antes de que se conozcan las cuentas y a pocos días para que abran los colegios electorales

Juan Bravo y Juanma Moreno, en el Parlamento. Juan Bravo y Juanma Moreno, en el Parlamento.

Juan Bravo y Juanma Moreno, en el Parlamento. / Efe

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El Gobierno andaluz ha caído en la tentación del electoralismo presupuestario. De hecho, ya era electoralismo presupuestario posponer las cuentas a las elecciones para que no afectasen al voto. Es decir, el calendario de presupuestos en función de las urnas. Pero, tras una larga cambiada ante chiqueros, Moreno Bonilla ha querido exprimir más ese electoralismo presupuestario y en plena campaña ha decido dar titulares ventajistas antes de que se conozcan las cuentas.

El Gobierno del cambio, y ahí están las sesiones de control, hace demasiadas cosas en el peor estilo de siempre. Este ventajismo presupuestario funciona a sabiendas de que siempre tendrán una prensa afín para poner impúdicamente sus mensajes a cuatro o cinco columnas con todo el tachintachán de la propaganda. Aunque Juan Bravo había anunciado que no serían “bonitos” –presumiendo de rigor, por contraste con los socialistas, se entiende– Moreno sí que los ha sacado bonitos anunciando 1.700 millones más, un 5%, “los presupuestos más sociales de la historia”. Eso en plena campaña, en calzón quitado, a la caza del voto. A ver si con tanto mantra del Gobierno del cambio, van a acabar en Gobierno del cambiazo.

A pesar de que Moreno haya sostenido que “nos jugamos la credibilidad del cambio”, lo que se juegan es la credibilidad, a secas… y ya va tocada. No acaba de resultar muy creíble recaudar un 10% más con la bajada de impuestos, por más que Marín, con retórica de comercial veterano, diga que “es un presupuesto no ideológico sino muy real”. Ya se verá si es real, pero desde luego son ideológicos, va de suyo. En todo caso, la credibilidad se adquiere con hechos, no con adjetivos.

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Francisco José Alcaraz, senador de Vox por el Parlamento andaluz, ha dicho en El Gato al Agua que la detención de Josu Ternera ha sido posible "porque no está Rubalcaba para darle un chivatazo". Sin duda el comentario está a la altura de Alcaraz. Dicho esto, conviene advertir que la altura de Alcaraz es mínima. No se le puede aplicar el manca finezza, porque tiene finezza cero. Lo suyo es brutezza. Como presidente de las víctimas, ya dividió a la sociedad con un sectarismo sin escrúpulos. No es raro que haya acabado en Vox; la forza del destino. Años atrás, sus excesos se justificaban por la sombra de ETA; pero ahora, tantos años después, Alcaraz exhibe gratuitamente esa catadura miserable. El granero andaluz de Vox da la peor medida de Vox.

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Alguien debería aconsejar bien a Susana Díaz para que deje de usar eso de “Trifachito”. Una vez vale. O dos. Quizá en un mitin. O en una caseta de Feria por hacer una gracia en tono verbenero. Pero ya se le oye demasiadas veces eso de “trifachito”. Las etiquetas pueden ser un hallazgo, como Frankenstein o Francostein, pero se gastan. Y tanto más si tienen un punto vulgar, como los “analfarrojos”. Esos abusos siempre vuelven con efecto boomerang.

Y sobre todo si has sido presidenta de la Junta de Andalucía. Susana Díaz no puede pasar de San Telmo a la sal gorda de esas gracietas. Hay cosas que mejor dejar a los pretorianos. Uno de los riesgos de pasar del poder a la oposición es no asumir la realidad: fuiste lo que fuiste, y eres lo que eres. Si se propone estar en la primera línea de fuego en el Parlamento, al menos debería cultivar un rol más irónico, elevándose sobre las miserias. Eso de ofenderse en los rifirrafes, como en la sesión del jueves, reclamando decoro al presidente para la nº1 en las urnas y exigiendo que no le faltase, delata cierta debilidad, y además una debilidad chusca. Parecía a punto de exclamar: “¡A mí, me dice eso a mí, con lo que yo he sido para este pueblo!”. La dignidad no es un rango publicado en el BOJA.

En la oposición tiene mucho margen para explorar contradicciones y errores: la primera ruptura de la unidad de voto de PP y Cs; el blanqueo de ambos hacia Vox –en esa sesión con proclamas contra “el Estado autonómico”– que antes o después arderá en las hemerotecas; incluso ese electoralismo presupuestario, que hizo aparecer a la mejor Susana Díaz, interpelando por qué no se han atrevido a presentar los presupuestos antes de las elecciones si son tan buenos –¿se ocultan frustraciones, como algunos Chare prometidos antes?– e insinuando un pacto oculto con Vox. Ahí sí suma. Lo de “trifachito” sólo vale para compartir unos chatos en una Casa del Pueblo.

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