Andalucía

Harakiri masivo del Comité Federal

  • El máximo órgano entre congresos del PSOE se despoja de funciones vitales, ahora serán los militantes quienes decidan las políticas de alianza y la destitución del secretario general

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El Comité Federal del PSOE, reunido ayer en Aranjuez, se hizo el harakiri. No se ha disuelto, pero casi, porque se ha desprendido de las dos funciones esenciales que lo convertían en eso que se llamaba "el máximo órgano entre congresos". El "nuevo PSOE" es más de los militantes, mucho más de Pedro Sánchez, muy poco de las ejecutivas territoriales y casi nada de los barones. Es de menos discusión, por supuesto de poca síntesis, y de una confrontación que sólo se dirime en las urnas. Es más cesarista y más democrático.

Hasta ahora, el Comité Federal había sido la base de su sistema de democracia representativa, pero los socialistas han dado un paso definitivo hacia la democracia directa, se parecen más a los demócratas y republicanos norteamericanos, maquinarias electorales cuyo objetivo es ganar elecciones. Es casi el destino inexorable de aquellas formaciones que sacralizan las primarias. El Comité Federal ya no decidirá la política de alianzas del PSOE, ya que ésta deberá ser refrendada en el futuro por los militantes en los tres niveles: en el estatal, para los pactos en el Congreso; en el autonómico y en el local. Y el Comité Federal también pierde su competencia de censurar a la Ejecutiva y al secretario general, ya que éste sólo podrá ser depuesto por quienes lo eligieron, es decir, por los militantes.

Los críticos practican el ausentismo, no estar para no participar en un sistema que no gustaEl sistema es la consecuencia directa del 39º Congreso, todo se aprobó allí

En efecto, hay un nuevo PSOE, que no es tanto una imposición de Pedro Sánchez, sino una consecuencia de su victoria y, en especial, de las decisiones del 39º Congreso. Una decisión en la que la líder andaluza, Susana Díaz, no ha participado; asistió a aquel Congreso Federal, pero es como si no hubiese ido. La delegación del sur se marchó antes de tiempo, inauguró el ausentismo. Susana Díaz tampoco participó ayer en la reunión de Aranjuez, y lo mismo ocurrió con Ximo Puig, Francina Armengol y Javier Fernández.

El PSOE distaba mucho de ser el partido monolítico y unipersonal que es el PP de Mariano Rajoy. Quien fue su máximo líder, Felipe González, siempre contó con una oposición interna de geometría variable, que se dejaba ver en los congresos y en los comités federales. Es cierto que no estaba bien reglada la transmisión de poderes desde las asambleas locales a las ejecutivas provinciales, pero a partir de éstas se iba construyendo una representación democrática que estaba presente en el Comité Federal y en los congresos. Prueba de ello fue el Comité del 1 de octubre de 2016, en el que se decidió defenestrar a Pedro Sánchez como secretario general, y 23 días después, se aprobó una moción presentada por Elena Valenciano que hacía posible la abstención de los diputados socialistas en la investidura de Mariano Rajoy.

Esto ya no será posible. A partir de ahora, el secretario general sólo será censurado si así se decide en una votación de militantes y algo similar ocurrirá con los pactos de gobierno. En Andalucía, si Susana Díaz necesitase una alianza con Ciudadanos, tendría que se refrendada en las urnas. El actual acuerdo con Ciudadanos, así como los que Griñán tuvo con Izquierda Unida, fueron aprobados por el Comité Director, no pasaron por las bases, aunque también es cierto que no generaron tensión interna.

El reglamento de síntesis que se acaba de aprobar no responde a un giro personal de Sánchez, sino a las decisiones del pasado Congreso Federal, fruto, eso sí, de la victoria de un secretario general que se basó en dar más poder a la militancia. El Congreso aprobó algunas medidas que, incluso, han sido "cepilladas" ahora, tal como diría Alfonso Guerra. Por ejemplo, las listas electorales se iban a decidir en las asambleas locales, por voto, y no podrían ser modificadas por las ejecutivas territoriales ni por la federal. Esto no será exactamente así. En cada asamblea se votará por personas concretas, se contarán votos y se confeccionará una lista, que podrá ser cambiada por el territorial y el federal, pero con claros argumentos para explicar la modificación.

Una de las críticas que el pedrismo hace a los andaluces es que no participaron de modo activo en el 39º Congreso, donde algunas decisiones más radicales podían haber sido modificadas. El resultado de este giro hacia la democracia directa tampoco es que entusiasme mucho a los más clásicos que han apoyado a Pedro Sánchez. Una vez elegidos los diputados, deberían ser éstos y el futuro Gobierno, de acuerdo con la fuerza electoral, quien decidiese las bases de los pactos, porque si ahora son los militantes los que tienen la última palabra, habría que preguntarse por qué no los propios votantes del partido. Por otra parte, el liderazgo del secretario general ha sido generalmente un liderazgo compartido, obligado a la transacción con otros dirigentes regionales. Esto ya no será así.

La postura de los andaluces ha sido la del ausentismo, la de no participar en votaciones cuyos resultados no comparten. Es como si quisiesen dejar claro que ellos no votaron unas reformas que prejuzgan como malas para el futuro del PSOE. Una estrategia, en cualquier caso, poco clara, nada transparente y, por lo demás, poco eficaz.

Algo de lo que se dejará de hablar en ese nuevo PSOE es el de la lucha por los avales. Para presentarse a unas primarias sólo será necesario reunir un 1% de firmas de militantes. Una elección a primera vuelta echa de la carrera a todos menos a los dos primeros, que serán quienes se enfrenten en la segunda y definitiva votación. Esto elimina la presión que los candidatos y los aparatos ejercían sobre la militancia a la hora de la recogida de firmas. También se le ponen límites superiores a la recogida para evitar que haya una batalla de números entre los candidatos. Por primarias se elegirán todos los candidatos a las elecciones, aunque en el caso de quienes gobiernen, como en Andalucía, no tendrán que acudir a una elección a menos que sea cuestionado por el 50% de la militancia.

La primera prueba de este nuevo sistema se pondrá en marcha con motivo de las elecciones municipales. Serán las asambleas las que elijan los candidatos, por encima de las decisiones que se adopten en Ferraz y en San Vicente. Si las direcciones quieren a una persona en concreta al frente de las listas, van a tener que convencer antes a la militancia. Y lo mismo ocurrirá con la confección de los siguientes en las listas. Y a eso añada, que las capitales andaluzas contarán a partir de ahora con una única dirección. Más fuerte frente a otros.

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