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V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo

Nao Victoria 500: un museo flotante para reivindicar la historia

Construcción de la Nao Victoria 500

Un barco del siglo XVI sorprende al cruzar por la calle de los varaderos, en la zona indutrial de Punta Umbría. Las puertas abiertas de la nave del polígono invitan a dar un paseo por la historia y también a descubrir oficios que han desaparecido en el sur y en buena parte de la geografía española. El olor a resina recuerda que estamos en el siglo XXI, pero observar el trabajo de los carpinteros que empiezan a revestir el barco es un ejercicio que ayuda a viajar cinco siglos atrás, cuando se construyeron los buques que dieron la primera vuelta al mundo. Una conmemoración que la Fundación Nao Victoria ha aprovechado para construir una nueva réplica del barco que hace 500 años llegó al puerto de Sevilla tras lograr la hazaña naval mayor de la historia y que en unos meses se amarrará junto a la Torre del Oro para convertirse en un museo flotante que abrirá en primavera.

Alfonso Pérez es el reponsable del proyecto. Trabaja para la fundación, es técnico en turismo pero la crisis lo empujó a aprender el oficio y no sólo ha participado ya en la construcción de otros barcos, como el Galeón Andalucía o la Nao Santa María, sino que se ha embarcado también en varias ocasiones navegando durante años.

El maestro José Manuel Calvinho. El maestro José Manuel Calvinho.

El maestro José Manuel Calvinho. / Fundación Nao Victoria

Pero la maestría en este caso está en las manos de José Manuel Calvinho Gomes. Carpintero de ribera portugués que se acerca con lucidez y destreza a los 80 años. La Fundación Nao Victoria lo contrató en 2003 para reconstruir la primera réplica de la nao que le da nombre que, después de la Expo del 92, efeméride para la que se construyó, quedó varada en Gelves y terminó pudriéndose en un 70%. El maestro perdió un astillero propio en la Revolución de los Claveles. Vecino de Vila Real de Santo Antonio, ya había trabajado muchos años en Huelva y en la última década ha formado a muchos jóvenes del entorno. Su vinculación con la fundación lo llevó a impartir clases en el módulo de FP que esta organización gestionó en Sevilla, ya suprimido, y del que proceden algunos carpinteros.

Silencioso y preciso va marcando el ritmo de trabajo a sus ayudantes. Uno viene de un módulo de diseño de muebles, hace tablas para forrar el barco y en pocos meses estará preparado para otros trabajos. La construcción de la nao Victoria 500 es todo un máster intensivo. Las labores se iniciaron el pasado enero y, nueve meses después, se ha empezado estos días a forrar el barco por dentro y a colocar las cubiertas. “Tras el diseño de la nao, en base a los dibujos que hay de la época, se corta con una fresadora el molde en madera, medio centenar de piezas que se van colocando cada medio metro; cuando están levantadas se van uniendo con tablas y se definen las curvas y sobre esa superficie, que es medianamente plana, se empiezan a colocar piezas de poliéster”, relata Pérez.

Trabajos de poliéster para el casco del barco. Trabajos de poliéster para el casco del barco.

Trabajos de poliéster para el casco del barco. / Antonio Pizarro

El trabajo de chapa y poliéster corre a cargo del astillero, pero la producción de piezas de madera discurre en paralelo, para ajustar los tiempos y poder solapar los trabajos. “La primera réplica, la que sigue navegando, está realizada toda en madera, pero esta vez hemos optado por otros materiales para reducir el coste del mantenimiento y alargar la vida de un barco que, en principio, va estar amarrado en el río, en un agua salobre y con un clima que en determinadas estaciones experimenta variaciones de hasta doce grados”, explica Pérez.

La Victoria 500 se está preparando para que pueda navegar en un futuro y, de hecho, la proa y la popa se han adaptado a la navegación a motor. “La anterior réplica se motorizó en 2003 porque ya teníamos un calendario y los vientos siempre no te permiten llegar a puerto a tiempo, pero siempre que es posible navegamos a vela porque el viento es gratis y un día de maniobras motiva a la tripulación para seguir a bordo una semana”, comenta Pérez, desde su experiencia de navegante.

Carpinteros trabajan en el varadero. Carpinteros trabajan en el varadero.

Carpinteros trabajan en el varadero. / Antonio Pizarro

La primera fase de los trabajos en poliéster permiten tener un pellejo del barco, al que luego se le empieza a meter la estructura: cuadernas, baos, cubiertas, borda... Una fase que aún no ha terminado. Dos operarios del astillero siguen colocando paños de fibra de vidrio que mojan con resina de poliéster y proyectan ya catalizada para ir formando los moldes que luego se rellenan con poliuretano de alta densidad para ir formando la estructura. Una grúa va levantando piezas y metiéndolas dentro del barco, donde dos carpinteros van laminando por dentro y otros, subidos en grúa, siguen colocando los primeros remates de madera en el exterior. La intención es que a finales de año el barco se ponga en el agua para realizar las primeras pruebas de estabilidad y remolcarlo posteriormente hasta Sevilla sin arboladura, ya que tendrá que cruzar dos puentes hasta llegar a Marqués de Contadero.

El trabajo más vistoso, la arboladura de la nao, se desarrollará en Marqués de Contadero

En un pequeño taller de carpintería, junto al varadero de Punta Umbría donde se levanta la nao, suena música flamenca de fondo y dos jóvenes, alumnos aventajados del maestro Calvinho, ultiman nuevas piezas. El timón, las barandillas y las tablas de la cubierta... ya están almacenadas esperando el momento de su colocación.

En Sevilla, una vez atracado, se colocarán palos, 320 metros cuadrados de velas y jarcias, una maniobra muy vistosa y esperada por los miembros de la fundación. Un momento espectacular que también permitirá viajar en el tiempo, pues las labores requieren de un trabajo artesanal que también se ha perdido. “Hoy los cabos son sintéticos, vienen de China, en Sevilla veremos la artesanía de los antiguos rederos, hay mucha labor de costura que también se está perdiendo”, comenta Pérez que fue el encargado de iniciar el proceso de construcción con la compra de cuatro camiones de madera de iroko en un aserradero cercano a Oporto. Toneladas que han ido tomando forma hasta convertirse en un museo flotante desde el que reivindicar una hazaña naval que sigue haciendo historia.

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