Andalucía

Sonrisas y lágrimas en la puerta de la Audiencia de Granada

  • Un acusado anunció el fallo al resto al ser el único que había llevado un portátil para leer la sentencia

Abogados abrazan a sus defendidos tras conocer su absolución. Abogados abrazan a sus defendidos tras conocer su absolución.

Abogados abrazan a sus defendidos tras conocer su absolución. / pepe torres / efe

Fiscalía, abogados y procuradores habían sido citados a las diez de la mañana para la notificación de la sentencia, con la advertencia de que, por su volumen, de nada más y nada menos 246 páginas, se iba a entregar copia en un disco compacto. A pesar de la expectación, la mayoría de los citados no había acudido al tribunal con un ordenador. En cuclillas, apoyado en un banco de la Audiencia y con su propio ordenador portátil, Diego Galindo, que como acusado en el caso Alhambra llegó a perder su empleo de informático en el monumento más visitado de España, fue el primero en trasladar a los abogados, procuradores y periodistas presentes el fallo. Y rompió a llorar en el momento en el que comprobó que él mismo estaba absuelto, mientras que el resto de los congregados, se las apañaban como podían para intentar averiguar el sentido del fallo y comunicar a través del móvil "la suerte" a sus representados.

No era para menos, ya que los acusados han tenido que esperar más de una década desde que el caso se destapara con las primeras detenciones, una "dilación extraordinaria e indebida" en la investigación, como recoge la sentencia. "Hace once años tenía ahí arriba un puesto de trabajo y lo perdí. En estos años ha sido difícil, pero reconforta saber que, lenta, pero hay justicia", aseguró. A pesar de su alegría por su absolución, el informático lamentó que no haya indemnización posible que pueda quitarle lo que ha sufrido: "El daño hecho, económicamente, es irrecuperable".

Pese a que las noticias no han sido buenas paras los diez enjuiciados que resultaron condenados, los cuarenta absueltos respiran desde ayer más tranquilos. Es el caso de cuatro de los siete guías únicamente acusados por la Junta de Andalucía, cuyos rostros mostraban sonrisas y lágrimas tras conocer por su abogado y procuradores que también habían quedado absueltos.

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