Andalucía

Susana Díaz necesita la estabilidad

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El PSOE celebró la noche del pasado domingo como una heroicidad electoral. Susana Díaz recibió a portagayola el toro de Podemos, y los de Pablo Iglesias, deslumbrados por el sol andaluz, salieron un tanto mansos. ¿Orejas? Las victorias y los fracasos son términos relativos, dependen del contexto, de las expectativas y de la capacidad política de los líderes para moldear la realidad, de ahí las dulces derrotas y las amargas victorias. La presidenta consiguió frenar al toro, quebrar al PP y ganar unas elecciones, legitimarse, pero aún le falta conseguir el objetivo público del adelanto: la estabilidad. Porque éstas son metáforas, y después está la aritmética, y ésta indica que el PSOE cuenta con 47 escaños en un Parlamento de 109; necesita, por tanto, o el apoyo de otros grupos o la abstención de uno o varios.

Los tiempos han cambiado, y ahora de verdad, y se impone una cultura del consenso escasamente practicada en Andalucía. La Junta puede seguir funcionando, aunque a un ritmo muy lento, hay un Presupuesto aprobado para el año 2015, pero sólo puede ejecutarse el gasto ordinario. La patronal y los sindicatos urgen a la formación de un Ejecutivo. El juego ha comenzado, la presidenta quiere quedar investida lo antes posible, mucho antes del 24 de mayo, día de las elecciones municipales, mientras en el PP admiten que será muy difícil hacerlo antes. Los socialistas creen que pueden volver a gobernar en Sevilla y en Huelva, mientras que en Cádiz comienzan a saborear la pérdida de la mayoría absoluta de su alcaldesa Teófila Martínez a manos de Podemos. Susana Díaz cree que después del 24 de mayo todo se complicaría en el Parlamento. Además, ella convocó las elecciones anticipadas para ganar tiempo y estabilidad mientras que el PP le pidió, a última hora y para ahorrar, que coincidiesen con las municipales. Sería darle la razón a los populares. La presidenta ganó unas elecciones el domingo pasado y ahora necesita ganar un Parlamento, la estabilidad.

La primera prueba será el día 16 de abril, fecha de la constitución de la Cámara. Hay que elegir a su presidente, y el PSOE no quiere entregar este cargo para la negociación, confía en que Podemos y PP no voten juntos, porque suman un escaño más que los socialistas, pero todo puede ocurrir. Después del presidente, hay que elegir a la Mesa, formada por otras seis personas. Hay surge otro problema: el reglamento establece que todos los grupos parlamentarios deben tener representación en la Mesa y son cinco formaciones para siete sillas, por lo que PP y PSOE sólo tendrían uno más que IU, el último en número de diputados. Cabe la opción de que el Parlamento aumente el número de miembros de la Mesa, pero para eso el acuerdo debe ser unánime. Esta es la razón por lo que los negociadores del PSOE, Juan Cornejo y Mario Jiménez, ya se han puesto a llamar a la oposición. Antes que la elección de Susana Díaz como presidenta, deben resolver la constitución de la Mesa y la presidencia de las comisiones. Si no hay acuerdos previos, la aritmética brotará con vida propia, combinando sumas cuyos colores hoy parecen imposibles.

"Cuando uno es un líder -dijo Juanma Moreno a sus parlamentarios del PP el viernes pasado-, debe buscar puntos de acuerdos con otros, y esto significa ceder, ésa es la obligación de Susana Díaz, que fue quien convocó las elecciones anticipadamente". "Algún pelo se va a tener que dejar en la gatera", se indica desde el PP. "No se pueden negociar con 47 como si tuvieran 55", advierten donde ven soberbia. Díaz se enfrenta a una semanas decisivas, pero sobre el PP pesa la responsabilidad de ser eso que se llama un partido de Gobierno, es difícil pensar que la organización de Mariano Rajoy llevará a Andalucía a otras elecciones en septiembre. Juanma Moreno, casi a su pesar, se han convertido en una pieza clave en este Parlamento porque ni la abstención de Podemos ni de Ciudadanos bastaría para que Díaz sea presidenta, sí valdrían los síes de uno de estos dos partidos, pero ambos han puesto como condición que Manuel Chaves y José Antonio Griñán dejen de ser diputado y senador por el caso del los ERE. Ciudadanos matiza un poco: deben dimitir si siguen encausados en el Tribunal Supremo después de que declaren la primera y la segunda semana de abril. Podemos los quiere fuera.

El problema para el PSOE es que tendrá que decidir sobre la continuidad de José Antonio Griñán antes de que el Supremo decida su futuro procesal, y es que el ex presidente es senador por designación del Parlamento. Lo habitual en otras legislaturas es que la siguiente votación a la elección del presidente de la Junta resuelva la designación del los nueve senadores autonómicos. Es un proceso extraño, casi gratuito, porque no se pueden votar en contra del senador propuesto por un grupo, pero el PSOE tendrá que decidir, bajo la presión de Podemos y de Ciudadanos, si José Antonio Griñán seguirá siendo senador. Los dos ex presidentes de la Junta, Manuel Chaves es el segundo, declararán a lo largo de abril en el Supremo, pero antes de la sesión de investidura. Al PSOE andaluz le vendría bien resolver esta incógnita durante el proceso: si sus casos se archivan, perfecto, y si no, Díaz tendría que pedirles las actas como ha anunciado. En cualquiera de los dos casos, Ciudadanos tendrían una respuesta válida para negociar, pero esto no va a ser así. El Supremo decidirá, en el mejor de los casos, poco antes del verano. Otra opción es que los ex presidentes dimitieran por cuenta propia, pero ahora es más difícil que nunca. "Después del chantaje de Ciudadanos, eso es imposible", comenta una persona cercana a los ex presidentes.

Los primeros encuentros entre los partidos indican que el PSOE va a sudar bastante para lograr la elección de Susana Díaz por mayoría simple a partir del 16 de abril. Ciudadanos tiene un número mágico de parlamentarios, son nueve, que sumados a los del PSOE, otorgarían una mayoría absoluta para gobernar con tranquilidad en Andalucía, pero el partido de Albert Rivera, sin estructura en la comunidad y dirigido desde la central de Barcelona, está pendiente de las elecciones generales. Es posible que, pasado 2015 y estos comicios, PSOE y Ciudadanos formen un Gobierno andaluz conjunto, pero hasta entonces los socialistas necesitan elegir a la presidenta. Con 47 escaños se impone un acuerdo de legislatura, la geometría variable estaría llena de sorpresas. Aunque el PSOE pudiese sacar leyes adelante con el apoyo de alguna formación, la mayoría del Parlamento podría cambiar el reglamento para convocar plenos semanales, pedir la presencia de la presidenta cuando quisiese, constituir comisiones de investigación. Andalucía y España se enfrentan a tiempos demasiado convulsos como para dejar una Cámara al albur del interés particular de cinco formaciones.

Susana Díaz se reunió con los cuatro líderes de la oposición el jueves pasado. Juanma Moreno; Teresa Rodríguez, de Podemos; Juan Marín, de Ciudadanos, y Antonio Maíllo, de IU. La impresión del PSOE es que Moreno está noqueado para negociar a causa de los malos resultados, Marín está a la espera de los intereses electorales de su partido a nivel nacional y, aunque parezca extraño, ve a Podemos no como un socio, pero sí como una organización que podría abstenerse porque algunos de sus planteamientos son asumibles.

Cuando la presidenta convocó elecciones de modo anticipado éstos no eran sus cálculos, se lo hubiera pensado, los sondeos le daban 50 o 51 parlamentarios, una cifra mágica. Pero en el transcurso de la precampaña surgió Ciudadanos, arañando espacios. Ya en plena campaña, el PP contaba con una encuesta, la mejor, la más cara, que le otorgaba 26 parlamentarios y 51 o 52 al PSOE. Para fortuna de Juanma Moreno, el dinero estuvo muy mal gastado. El único consuelo.

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