Andalucía

¿Ha entrado en crisis el PSOE andaluz?

  • Ferraz no tiene interés en el cambio de liderazgo en el partido hasta después de las elecciones municipales 

Susana Díaz y Pedro Sánchez, el lunes pasado en un mitin en Málaga. Susana Díaz y Pedro Sánchez, el lunes pasado en un mitin en Málaga.

Susana Díaz y Pedro Sánchez, el lunes pasado en un mitin en Málaga. / Javier Albiñana

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Susana Díaz ha vuelto a su escenario natural: las campañas electorales. Agenda de carretera, presentación de candidatos a alcaldes, el mapa desde Almonte hasta Pulpí extendido en su despacho de la sede de San Vicente. Susana Díaz necesita que el PSOE obtenga un gran resultado en Andalucía el 28 de abril, alrededor del 30%, para que haga valer el poderío de la federación andaluza en la posible investidura de Pedro Sánchez. Sin embargo, este éxito al que está obligada hará más sobresaliente la derrota del 2 de diciembre pasado, cuando los votos de los partidos de derecha superaron a los de izquierda por primera vez en la historia de la autonomía.

Pero esta vez, Pedro Sánchez no ha franquiciado su candidatura al PSOE andaluz, este sábado ha estado en Córdoba; el lunes pasado, en Málaga, y el próximo fin de semana, en Sevilla. El gran mitin del candidato antes de que comience la campaña será en Sevilla. Con la ministra María Jesús Montero de acompañante, su número uno por esta provincia. Si Sánchez obtiene un buen resultado en la comunidad, con más votos y porcentajes que Díaz el pasado 2 de diciembre, la dirección andaluza tendrá dificultades para arrogarse el éxito. 

Amenaza gratuita

En Ferraz dan por acabado el liderazgo de Susana Díaz, no lo explicitan así, pero sostienen que en Andalucía ha comenzado un nuevo ciclo, como el de Rafael Escuredo, el de Rodríguez de la Borbolla o el de Manuel Chaves. Dan por hecho el Suxit, aunque que la postura mayoritaria es que sea suave. Entienden que, desde las elecciones del 2 de diciembre, la secretaria general no ha comprendido los mensajes ni del electorado ni de su partido, y no hace más que equivocarse. Una semana tras otra. Lo último de lo que le afean es que su dirección amagase con escindir al PSOE andaluz del PSOE federal al estilo del PSC, porque ni ha existido ese debate y porque no tendría más seguidores en Andalucía que el zoroastrismo. Una amenaza gratuita en la que nadie ha creído.

Los sanchistas, en minoría

No obstante, el PSOE andaluz no es una federación que se dirige a golpe de mando y los sanchistas aún son minoritarios en Andalucía. Susana Díaz lo ha liderado sin oposición y el cambio se tendrá que producir mediante una lenta inclinación de la balanza, aunque la secretaria general sin la Presidencia de la Junta es ahora una líder débil. Ningún secretario general del PSOE andaluz ha carecido, hasta ahora, de este poder. Lo más parecido fue el caso del malagueño Carlos Sanjuán, que no pudo resistir en el cargo cuando el presidente Chaves se decidió a romper con los guerristas.

Nadie desea embarcar al PSOE andaluz en una guerra interna como la que finalizó en 1994. Da pánico, y ése es el motivo porque el que algunos sanchistas con bajage histórico, como el alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, está intentando tender puentes con personas con acceso a Susana Díaz. Ésta ha comenzado a cambiar el protagonismo de los miembros de su dirección: Juan Cornejo, Mario Jiménez y Manuel Jiménez Barrios seguirán con ella, pero ahora San Vicente da más proyección a los ex consejeros José Fiscal y Rodrigo Sánchez de Haro. Ángeles Férriz, la nueva portavoz del PSOE, es Jaén, con lo que ello significa. 

La polémica de las listas electorales ha dejado en evidencia que la dirección susanista ya no controla a todas las provincias. Jaén, Huelva, Málaga y Granada prefirieron llegar a acuerdos con Ferraz, mientras que Cádiz y Córdoba optaron por una resistencia numantina en alianza con Sevilla. Es cierto que los ocho secretarios provinciales acordaron ausentarse de la votación en el comité federal que aprobó las listas, pero quienes han quedado en evidencia de su debilidad ante Ferraz son la sevillana Verónica Pérez, la gaditana Irene García y el cordobés Antonio Ruiz. Los dos últimos son presidentes de diputaciones, y no contarán con el apoyo de Ferraz para seguir siéndolos después del 26 de mayo. 

Si Pedro Sánchez vuelve a ser presidente del Gobierno, Díaz tendrá los meses contados

La crisis del partido en Andalucía tiene dos hitos en las elecciones del 28 de abril y del 26 de mayo. Si Pedro Sánchez gana las elecciones de manera holgada en abril, de tal modo que pueda formar Gobierno, Susana Díaz tendrá los meses contados. La enemistad entre ambos es manifiesta y, lo que es peor, los dos saben que la reconciliación es imposible. Por ambas partes. Se ha hecho realidad lo que advirtió un ex presidente de la Junta hace dos años: esto sólo tendrá solución cuando uno de los dos se vaya.

El siguiente hito es el 26 de mayo, día de las elecciones municipales. Si Pedro Sánchez sigue siendo fuerte, porque en abril hubiese ganado sus primeras elecciones generales, la dirección federal querrá que los presidentes de las diputaciones le sean leales, y esto es capital porque las instituciones provinciales son, más que las grandes alcaldías, los pilares del poder interno dentro de los partidos. Según los estatutos socialistas, el comité federal tiene la última palabra en esta elección, en esto se dará la verdadera batalla por el PSOE andaluz, más que en la negociación de las listas.

El cambio pasa por Jaén

La provincia que sigue siendo clave dentro del partido es Jaén. A su secretario general, Francisco Reyes, fue la primera persona a la que Susana Díaz fue a ver cuando José Antonio Griñán le encargó que lo relevase. Y Reyes ha optado, en esta ocasión, por pactar con Ferraz y enviar a Micaela Navarro de número uno al Senado, en vez de la Congreso, que es lo que deseaba la dirección andaluza. A excepción del último período de Griñán, Jaén siempre está con quien gana, aunque a veces cueste saber si es causa o efecto.

El nuevo líder deberá ganarse el puesto en unas elecciones primarias

Ferraz no tiene decidido cómo se producirá el cambio, aunque quienes preferían la irrupción con una gestora para después convocar un congreso extraordinario han cambiado de opinión hacia la posición más suave. Esto es, que quien vaya a liderar el partido en Andalucía se lo gane en unas elecciones primarias, previa al congreso. Y aún se confía en que sea la propia Susana Díaz quien procure su relevo al considerar que ya no controla todos los engranajes del partido.

Fue, precisamente, Susana Díaz quien acabó con la última crisis que vivió el PSOE andaluz. Griñán contaba con un tercio del partido en contra, a pesar de que era el presidente de la Junta, un porcentaje que venía del sector más leal con Manuel Chaves y con Alfredo Pérez Rubalcaba. Díaz calmó al partido y después consiguió la Presidencia andaluza, pero sin San Telmo es muy difícil mantener el poder si el secretario general del partido están en tu contra. O si es recíproco.

Susana Díaz acaricia una posibilidad, y es que el Gobierno de coalición de Juanma Moreno se rompa como consecuencia de las elecciones generales y de las imposiciones de Vox. Aún no está cerrada la posibilidad de una alianza entre Pedro Sánchez y el líder de los naranjas, Albert Rivera. Aunque este último se oponga, si la suma entre Ciudadanos y PSOE da los 176 escaños, Rivera tendrían que soportar muchas presiones si de él depende que Pedro Sánchez tenga que echarse en brazos de los nacionalistas. La dirección susanista cree probable una moción de censura a Juanma Moreno tras las municipales.

Nadie, o casi nadie, cree que Ciudadanos romperá el Gobierno con el PP

El problema es que sólo Susana Díaz y sus más leales creen en ello. Después de cuarenta años de poder de un mismo partido, PP y Ciudadanos no van a romper un acuerdo de gobierno por el color de una alianza en Madrid, es más, puede que a Rivera le siga viniendo bien la variedad en los pactos. PP y Ciudadanos sí pueden tener problemas con la aprobación de los Presupuestos autonómicos de 2020 por que Vox quiere imponer la derogación de la ley de Memoria Democrática para que no se destinen fondos a la búsqueda de represaliados. 

 

  

 

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