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De la inteligencia artificial al puerta a puerta

  • Los candidatos estos días han intentado conseguir tres elementos indispensables para conseguir el apoyo de los electores: ser conocido, caer bien y mostrar entusiasmo

De la inteligencia artificial al puerta a puerta De la inteligencia artificial al puerta a puerta

De la inteligencia artificial al puerta a puerta

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Se dice que las campañas empiezan el mismo día en el que acaban las elecciones. En este caso, este dicho se ha convertido en una realidad categórica debido al encadenamiento de dos procesos electorales seguidos. Las municipales y europeas, y en algunas comunidades también autonómicas, no han dejado lugar ni para la resaca electoral de las generales. Otra nueva campaña sin solución de continuidad. La incógnita es si produce un efecto arrastre del voto o si el carácter más cercano de los comicios municipales impondrá su lógica electoral.

Lo que sí parece innegable es que los candidatos han salido a la calle afectados por el resultado de las elecciones generales. Mientras algunos han tapado el logotipo en sus carteles para no ser contaminados por la marca, otros por el contrario exhiben orgullosos los colores y se apoyan en el partido pretendiendo arañar un mejor resultado.

En general, hay una tendencia a exagerar el impacto de las redes sociales en las campañas electorales en detrimento de unos medios de comunicación que continúan siendo muy potentes para la comunicación política, como la radio y, por supuesto, la televisión. Aún así, la comunicación política online es una realidad que ya se ha impuesto en todos los partidos con más o menos acierto y profesionalidad.

Con todo, no se puede confiar toda la estrategia de campaña al ámbito digital porque, si algo tiene las elecciones municipales, es la importancia de la persona. Un candidato es el principal activo de un partido político, y cobra mayor importancia en la medida que las elecciones son más próxima al entorno de vida de los ciudadanos. En unas municipales, las ideologías ceden terreno a favor de las personas.

Los candidatos estos días han estado batiendo el cobre para conseguir tres elementos indispensables para conseguir el apoyo de los electores: ser conocido, caer bien y mostrar entusiasmo. Estas tres características conforman la tríada del candidato exitoso y debe estar en la base de toda estrategia electoral, máxime en los municipios. Por eso, en la era de la inteligencia artificial, el big data y la microsegmentación, continúan siendo indispensables los puerta a puerta, el reparto de material electoral, los paseos callejeros y los cafés de barrio.

Todos los esfuerzos son pocos para seducir a un electorado polarizado y para afianzar un voto que cada día es más volátil. Y aunque tenemos la sensación de llevar un año entero en campaña y albergamos serias dudas sobre su utilidad, lo cierto es que se consigue una gran conversación en torno a la política que nos lleva reflexionar y a tomar partido sobre nuestro futuro.

Las campañas políticas suponen en la mayoría de los casos un refuerzo sobre lo que ya tenemos decidido, y se calcula que sólo entre el 7 al 10% puede cambiar su voto. En la coyuntura actual de multipartidismo, se trata de una parte del electorado muy codiciada por parte de los partidos políticos.

Más emoción que razón

No obstante, las estrategias electorales en ocasiones se diseñan obviando los mecanismos de decisión del voto. De acuerdo con estudios realizados, por lo general el elector define su voto influenciado más por aspectos emocionales que por los de naturaleza racional.

Para la mayoría de los electores, las ideas y las propuestas manifestadas por los candidatos no tienen tanta importancia en la preferencia electoral como otros asuntos de índole emotivo. La catedrática de psicología Helena Matute afirma que “el modo emocional de pensamiento es, entre otras cosas, el que nos permite saber a quién vamos a votar en las próximas elecciones sin necesidad de pensarlo ni dedicarle las energías y recursos cognitivos que tanto necesitamos en el día a día para lidiar con los niños, los jefes, el tráfico o la hipoteca”.

Interviene en la decisión del voto sesgos cognitivos, es decir, interpretaciones de la información que tenemos y que nos sirven de atajo para tomar decisiones rápidas. Hacer caso sólo a los datos que apoyan nuestras ideas, sobreestimar la proporción de comportamientos negativos en grupos relativamente pequeños, tratar las descripciones vagas como si fueran específicas y detalladas, dejarnos llevar por lo que opina nuestro entorno, o el llamado falso consenso, es decir, sobreestimar el grado en el que otras personas están de acuerdo con nosotros, son sesgos que nos influyen a la hora de ir a votar, aunque no somos conscientes de ello.

Matute se pregunta si alguien que no se dedique al periodismo o a la política puede dedicar tiempo a leer programas electorales, informarse racionalmente y pensar pros y contras de cada partido político. Más bien tomamos una decisión rápida y emocional que, llegado el caso, siempre puede justificarse.

La primera impresión del político

Una imagen vale más que mil palabras, sobre todo en política. Una primera impresión tiene mucho valor en situaciones concretas, una primera cita, por ejemplo, y también influye en la decisión del voto. Los candidatos no sólo comunican con la palabra; su aspecto físico, su postura corporal o sus rasgos faciales transmiten más que los mensajes.

Y esta primera impresión la obtenemos de una manera tan veloz que no somos conscientes de ello. Cuando una persona ve por primera vez el rostro de un desconocido, se forma una impresión acerca de ese extraño en 100 milisegundos (un parpadeo dura entre 300 y 400 milisegundos). Y eso mismo ocurre cuando vemos por primera vez el rostro de un político. Nuestro cerebro evalúa a ese político hasta entonces desconocido a una velocidad 3 ó 4 veces superior al parpadeo, de tal manera que es un proceso automático, inmediato y donde no interviene la reflexión.

La eficacia de las campañas diseñadas en función de mensajes emocionales, los esfuerzos en la comunicación digital o la capacidad de los candidatos para conectar con un electorado mediatizado por la primera impresión se ponen hoy a prueba en una jornada con la que, en principio, finaliza un larguísimo ciclo electoral.

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