Andalucía

La ultraderechita cobarde y otras secuelas del 28-A

  • Los partidos andaluces se recomponen de los resultados electorales, que han tensionado al Gobierno 

Los diputados de Vox Benito Morillo y Francisco Serrano, con un colaborador del grupo parlamentario. Los diputados de Vox Benito Morillo y Francisco Serrano, con un colaborador del grupo parlamentario.

Los diputados de Vox Benito Morillo y Francisco Serrano, con un colaborador del grupo parlamentario. / Jesús Prieto / EP

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Andalucía, como se decía del 14 de abril de 1931, no se acostó de izquierdas el 2-D y se levantó de derechas el 3-D. Y no se acostó de derechas el 28-A y se levantó de izquierdas el 29-A. Eso sí, entre las urnas del 2-D y el 28-A se ha roto algún espejismo.

Todos tienen algo que celebrar: el PSOE recupera el millón y medio de votantes; el PP mejora el dato nacional; Ciudadanos es segundo; Podemos se ve partido de Gobierno, y Vox sube 200.000, cerca del PP. Claro que todos tienen malas noticias: el PSOE, que el bloquismo se iguala; el PP verse superado por Cs, aunque sin apenas margen para éste; Podemos al borde ser quinta fuerza, como partido menor; y Vox, que si este era su tren, lo han perdido. Pero las botellas no pueden verse medio llenas o medio vacías. Están más vacías que llenas.

Las caras de póker no pueden engañar a nadie; por más que la política, como decía Baroja, sea como una timba de tahúres. Aunque el PP y el PSOE disimulen, llevan malas cartas. Sólo Ciudadanos disfruta del sorpasso manteniendo su distancia hacia Vox con poco desgaste. El PP ahora ha de conciliar su pacto andaluz con éstos y la versión oficial de Génova de que sí son la extrema derecha. La primera reacción de Vox fue anunciar airadamente que no apoyarían aquí a PP y Cs; la segunda, fue apoyarlos. Así que ahora hay una derechita cobarde y una ultraderechita cobarde. Las imposturas llega un punto en que son insostenibles. De momento sólo Cs salva una posición de ventaja.

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El eslogan del nuevo Gobierno andaluz, para celebrar sus primeros 100 días, era que este gobierno del cambio había hecho más en 100 días que el PSOE en 37 años. Y entonces, como es lógico, va el Partido Socialista y recupera la cota de 1,5 millones de votos; y por la derecha crece sobre todo Vox, que no está en el Gobierno. Está claro que la gente está entusiasmada con PP y Cs, ¡claro que sí!

En las urnas no se juzgaba la gestión del Gobierno andaluz, pero en parte sí su imagen. No sale reforzada, sobre todo en el caso del PP, que pilota el gabinete pero pierde casi la mitad de los votos de 2016. En Málaga, territorio de Juanma&Elías, el PP ha sufrido un batacazo formidable. Es evidente que los fuegos artificiales retóricos no bastan.

Y quizá tampoco quitar con una mano la nómina a Bernat Soria, y con la otra pagar a Enric Millo. Lo de Bernat Soria es una vergüenza, por el indecoroso fraude laboral, y por el sueldo estratosférico. Pero lo de Enric Millo, con la imagen del servicio de rescate de náufragos del partido a cargo del presupuesto andaluz, no ayuda a vender regeneración. Deshacer chiringuitos es necesario pero un Gobierno se examina de gestión. En este caso además deberían recordar que están en el poder por una carambola circunstancial; y la confianza hay que ganársela. En 100 días han hecho menos progresos que eslóganes.

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La celebración del PSOE andaluz tras el 28-A da la medida del estado del PSOE andaluz: muy tocado. Como el boxeador que exhibe sus músculos para hacer creer que le queda fondo. Tras su Ejecutiva para hacer balance, proclamaron eufóricamente que habían podido “barrer a la derecha” y movilizar al pueblo andaluz de modo que éste “le ha hecho una moción de censura al Gobierno andaluz en pleno”. Hombre, hombre, hombre. Menos lobos…

El bloquismo izquierda vs. derecha está literalmente en empate técnico. PSOE+Unidas Podemos= 2,2 millones / PP+Cs+Vox= 2,2 millones. La realidad es que en las elecciones andaluzas, el PSOE obtuvo medio millón de papeletas menos. Lo más obvio: el PSOE nacional ha triunfado sobre el PSOE regional. Nadie duda que la deslealtad del sanchismo influyó en el desastre de diciembre, pero también que las deslealtades del susanismo fueron determinantes para llegar ahí. Las deslealtades mutuas dejan al PSOE, sí, en una debilidad maquillada por el retorno a la cota 1,5 millones. Y su horizonte, con algunos anhelando ver colgada la cabeza de la ex presidenta en la plaza pública, no pinta halagüeño. La euforia socialista, como sucede en la derecha, también tiene mucho de impostura.

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