Cultura

Pasar el rato con Dalí y La Argentinita

Es más que nada un espectáculo daliniano, aunque su título aluda a una canción popular rescatada y difundida por Federico García Lorca. El imaginario de Dalí domina el vestuario, la escenografía, las proyecciones videográficas, etcétera. Incluso se hace uso de la voz del pintor catalán reproduciendo fragmentos de sus declaraciones. No obstante, el universo daliniano, las canciones populares que Lorca popularizara y la referencia a La Argentinita son meras excusas para un divertimento. Quiero decir que no se ha profundizado en estas tres personalidades que han marcado sus diferentes parcelas artísticas en el siglo XX. El resultado es un mero divertimento, un pastiche amable sin otra profundidad (y supongo que intención).

Eso sí, el director del Ballet Nacional evidencia lo que en otros lugares se echa tanto de menos. José Antonio sabe dirigir una compañía, tanto dentro como fuera del escenario. Sus coreografías nunca me han resultado muy profundas ni muy emocionantes, pero es obvio que sabe mover un grupo sobre la escena. Y fuera de ella: la disciplina, la seguridad, el rigor que se vio ayer sobre el escenario es fruto de una formación continua de los miembros de la compañía, de un proceso de aprendizaje y superación diarios que es la esencia de una compañía de danza de estas dimensiones.

Esperanza Fernández estuvo estupenda, no sólo reinterpretando unas canciones que han tenido cientos de intérpretes, y de las que hay unas cuantas grabaciones canónicas, incluyendo la de la propia Argentinita con Lorca al piano de los años 30. O la estrictamente flamenca de Carmen Linares. Esperanza Fernández se movió en el escenario como un actor más y se marcó unas sevillanas finales con Miguel Ángel Corbacho.

Me gustaron también mucho la partitura y la interpretación en directo de Chano Domínguez, responsable del arreglo de la música tradicional, y su grupo. Una versión muy imaginativa, en la onda del flamenco-jazz-rock, y que tuvo momentos delirantes como en la canción de Las tres hojas, metida a ritmo antillano, con una Fernández portentosa, y un José Antonio sorprendente, entregado y muy divertido. José Antonio, enfundado en unas medias negras, con falda de hojas de colores y flecos, pelucón y pintado como una puerta, bailó esta canción a solas con Fernández y fue el mejor número de la noche por la verdad y el humor que puso sobre las tablas. Lo mejor en lo que respecta al baile, junto a los números colectivos. Destacar también los solistas Elena Algado y Miguel Ángel Corbacho, también en el paso a dos del Zorongo. Ella cómplice y sensual y él sobrio y seguro.

Se usaron dos telones que reproducían los originales pintados por Dalí para una representación de El Café de Chinitas de La Argentinita, que al nivel coreográfico nada tenía que ver con lo que vimos anoche, por otro lado. También vimos sobre el escenario a dos actores incorporando a Dalí y a Lorca en un espectáculo en el que José Antonio continua la línea de espectáculos anteriores de acercarse a grandes personajes de la cultura española y flamenca del siglo XX en pastiches, a veces confusos o empachosos por la misma distancia, la de la falta de implicación, a que se sitúa tanto de lo biográfico que de la almendrilla de sus obras respectivas. En el pasado fueron Picasso o Carmen Amaya y anoche le tocó el turno a Lorca, Dalí y La Argentinita.

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