Cultura

Retratos contemporáneos de un arte milenario

  • El fotógrafo colombiano Ruven Afanador muestra en la Avenida de la Constitución los vanguardistas posados de las mujeres flamencas que protagonizan 'Mil besos'

Rosario Montoya Manzano, Farruca, en la Plaza de San Francisco, y María del Mar Moreno en la Puerta de Jerez son las dos modelos que sirven de pórtico y despedida a la exposición Mil besos, de Ruven Afanador, uno de los hitos creativos más ambiciosos de esta decimoquinta Bienal de Flamenco. Sesenta y cuatro impactantes imágenes en blanco y negro se alzan desde ayer y hasta el 15 de octubre en la Avenida de la Constitución para solaz de paseantes y usuarios de taxis y tranvías. Es el resultado del impresionante trabajo de producción y realización que ha llevado a cabo el fotógrafo colombiano afincado en Nueva York Ruven Afanador, autor asimismo del cartel de la actual edición de la Bienal, junto a un entregado equipo de maquilladores, peluqueros, estilistas y sastres.

Las modelos de excepción, vestidas con lujuriosos diseños de Galliano, Gucci, Prada, Gaultier, Moschino o Dolce&Gabbana son algunas de las más raciales y personales flamencas andaluzas, mujeres de Triana, del barrio de Santiago o de la Peña del Niño José de Paula en Jerez, amigas de la inolvidable Lola Flores, escuelas flamencas como las de La Farruca o Alicia Márquez... Todas ellas rezuman individualidad representadas como divas de la ópera, como diosas mediterráneas, como trágicos coros griegos, con los rostros cubiertos con el negro petróleo o ahumado de una pintura "que rehuía la perfección para expresar su fuerza interior, sus vidas apasionadas", señala Anabel Beato, maquilladora de este proyecto y flamante premio de la última edición del Festival de Cine de Málaga por su trabajo en la película 3 días.

Todas estas atractivas imágenes, inéditas, hipnóticas, provocativas con su aire de cabaret expresionista, las ha logrado un Ruven Afanador "envolvente y seductor", "bellísima persona", "con mucho ange", según le definía ayer la corte de modelos y grandes artistas que le rodeó y hasta jaleó por palmas en el recorrido inaugural de la muestra en la Avenida de la Constitución. Un cortejo donde no faltaron primeras figuras del baile, como Matilde Coral y Cristina Hoyos, del cante, como Esperanza Fernández, acompañada de varios miembros de su clan materno, los Vargas, entre casi 500 personas más.

Esta visión distinta, decadente y atrevida formará parte de los fondos del Centro Andaluz de la Fotografía, cuyo director, Pablo Juliá, la exhibirá en otras plazas como Jerez, de donde son también muchas de las modelos. Y es que esta localidad gaditana, Carmona, El Cuervo y El Palmar de Troya han sido los escenarios donde Afanador, luchando contra el intenso calor, realizó sus caprichosas e imaginativas sesiones en el verano de 2007 hasta lograr esta faz "manipulada por mi imaginación" de la mujer flamenca, según destacó ayer.

Las fotografías, de dos metros y medio de alto por metro y medio de ancho, constituyen "una feria visual en torno a la estética del flamenco. El estilismo ha sido minucioso y su autor ha sabido convertir a las artistas en modelos de tronío", destacó en la presentación de la muestra la consejera de Cultura, Rosa Torres. Allí se refirió, además, a la ingente cantidad de referencias de la Historia del Arte que Afanador ha manejado. "Se ha inspirado en Goya, en el arte barroco, en Botero, en Frida Kahlo y los muralistas mexicanos, en el neorrealismo italiano y, por supuesto, en el expresionismo alemán", señaló con placer Torres, que subrayó que "hasta ahora la representación del flamenco se ha hecho de un modo costumbrista y tópico, primando lo documental. Ruven, en cambio, ha querido vincular a una imagen contemporánea este arte milenario".

El autor de las imágenes, que las mostrará el año que viene en dos salas de Nueva York, donde reside, glosó las risas, quejas, recuerdos, cantos hipnóticos y memorias que sus modelos le regalaron en los encuentros, a menudo bajo un sol asfixiante, como ocurrió en El Palmar, donde las sesiones tuvieron lugar en una cantera de cal. Pese a ello llegaron a ser muy intensos, como prueban las cuatro horas de trabajo que Ruven dedicó a Eva Yerbabuena, tan irreconocible con los peinados nada convencionales ideados por el creativo Manolo Cortés. O las prolongadas tomas a Concha Vargas, la Farruca, Isabel Bayón -que aparece besándose en un espejo- e inclusive Yolanda Heredia, la imagen de la Bienal.

Muy rotundas fueron también sus miradas a la Salvaora y la Majuma, mujeres de la Peña del Niño José de Paula, ancestrales herederas de un arte ritual que él ha travestido con moños y postizos de un metro de alto, sombras de ojos angustiosas, abanicos gigantescos y muchísimo talento.

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