Cultura

El bailaor "suda el 'Apocalipsis", un texto que lleva "dentro del cuerpo"

  • El sevillano regresa a la Bienal con una lectura depurada y "más redonda" de su último montaje

Tras su estreno en Mijas, el año pasado, y su paso por Jerez de la Frontera, El final de este estado de cosas, un montaje inspirado en el texto bíblico del Apocalipsis, llega a la Bienal en versión redux -un guiño al Apocalypse Now de Francis Ford Coppola-. "Ha sido un trabajo de limpieza, de quitar cosas para que sólo quedara lo esencial y no alargarnos más de la cuenta", dice Israel Galván sobre la evolución de esta obra, con dirección artística de Pedro G. Romero y escénica de Txiki Berraondo, que ha pasado de las tres horas de duración que tenía en su primera versión a una hora y media. "Aproximadamente, porque también queremos dejar espacio para la improvisación", matiza el bailaor sevillano.

En esta obra Galván traduce a danzas, cantes, ruidos, imágenes y sensaciones, incluso a sonidos reales de bombardeos, su imagen del fin del mundo. Para ello, se ayuda de "otras músicas para encontrar el clima". Participan en el montaje el grupo sevillano de doom metal Orthodox, que adaptará sus canciones para el artista, la formación de música contemporánea Proyecto Lorca. También habrá tarantellas, que al bailaor le recuerdan a los verdiales. Aunque también recurre a colaboradores jondos, como el guitarrista Alfredo Lagos y los cantaores Fernando Terremoto, Diego Carrasco y Juan José Amador, entre otros. "Bailaré sobre todo bulerías, verdiales, saetas y un tango silencioso", dice Galván, que también se apoya en algunos elementos de la danza butoh japonesa.

Pedro G. Romero, aliado del sevillano desde hace una década, asegura que la versión que se verá en Sevilla, la tercera desde su estreno, es "la más redondeada". El espectáculo refleja -continúa el director artístico- "el enfrentamiento íntimo de Israel con el Apocalipsis, un texto clave para él, a través del cual conoce el mundo, y con el que mantiene una relación muy visceral". En la función, dice el artista, el bailaor "suda el Apocalipsis, porque el texto está dentro de su cuerpo".

Berraondo, la directora escénica, alaba por su parte la "energía que fluye" en el baile de Galván, que "cuando coagula" origina "de forma intuitiva situaciones inquietantes". "De hecho, el mayor problema que hay al trabajar con él -afirma- es el esfuerzo que tienes que hacer para no estropear su parte. Así que me he limitado a preparar una estructura por donde él pueda caminar ligero".

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