Cultura

Un gran tímido

  • Paco de Lucía clausura la Bienal esta noche en el Maestranza · Lo único que le pide a la vida es una vejez digna, confiesa a los suyos

Su guitarra ha sacado al flamenco de los cuartos y las peñas para convertirlo en arte universal; y a pesar de haber creado con ella algunos de los pasajes más bellos y emocionantes de nuestra música, a pesar, incluso, de hacer bailar a los caballos y los peces y a pesar de que la evolución flamenca es él, a pesar de tantas y tantas cosas mágicas que le rodean, Paco, el de Lucía, sigue siendo un gran tímido al que le apasiona bucear.

Antes de iniciar esta gira tenía subrayadas en rojo dos citas: Jerez y Sevilla; simplemente, porque ambas han parido a un sinfín de artistas y legión de aficionados que escrutarán cada uno de sus movimientos. En la primera, perfeccionista hasta la médula, Paco no acabó satisfecho del todo. Así lo comentó a sus íntimos -por supuesto, tocó como los ángeles- y no acudió a la fiesta espontánea que él mismo propició a su alrededor después de su concierto y en la que decenas de artistas le rindieron tributo con su cante y baile hasta el amanecer en una conocida sala como si fuese el mismo Dios. La segunda que subrayó es la que pondrá hoy el cierre a la presente Bienal. Y cada vez que toca en Sevilla sufre un ataque de responsabilidad. Así es Paco, el de Lucía, sencillo, discreto, profesional, ni se inmuta cuando el público, entregado a su príncipe, le aplaude cinco minutos en pie antes de que se haya sentado para empezar. Ya es inmortal y ahora lo único que le pide a la vida es salud para criar a sus dos niños chicos y una vejez digna, sin que le duelan los huesos. Pero no se dejen engañar, el artista de artistas, el que se eleva sobre el resto por más que se coloque como uno más junto a sus músicos, el artista al que los mejores talentos del flamenco adoran como a un faraón, vuelve a Sevilla con la ilusión intacta del chiquillo que empieza, con cosquillas en el estómago y rodeado por un elenco que ha cambiado por completo, precisamente, porque necesitaba probarse y saber si era capaz de hacer otras cosas.

Igual de rebelde que su música, el de Lucía se revuelve, por ejemplo, cuando algunos sostienen que La leyenda del tiempo significó un punto de inflexión para Camarón. "Evolución es lo que hicimos antes, con una guitarra y una voz, que no confundan a la gente", matiza sin vacilar cuando le preguntan. Y a Camarón, su hermano del alma, lo definió recientemente como el primer músico dentro del flamenco, una nube de la que aún hoy la gente (los propios artistas) no puede escapar, el mejor.

Un día su guitarra se enamoró de su cante y se juntaron los dos para protagonizar el acontecimiento flamenco más hermoso que se ha vivido y que perdurará largo tiempo. Desde entonces apenas ha tocado para acompañar y el cante casi se ha convertido en un instrumento más en sus conciertos que persigue al otro genio. Quizá porque Paco prefiere perseguir ese cante de leyenda con sus falsetas y la misma melodía que le da vueltas a la cabeza desde que conoció al de La Isla. Con todo vendido, las mejores galas, la afición lista y las primeras figuras atentas, Paco vuelve a Sevilla para brindar, seguro, un auténtico recital de puro arte que apenas admitirá más debate que la ovación.

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