Bienal de flamenco

Las habitaciones de casa

  • Sin olvidarse del calor del grupo, cada miembro tuvo ocasión para su lucimiento individual

Nos recibieron en el zaguán de la casa y, poco a poco, nos van mostrando cada una de las estancias de su hogar. Un grupo flamenco, formación nada extendida en este arte, que quiere mostrar sus individualidades. Éste es el tercer espectáculo de Son de la Frontera. La evolución que ha sufrido el grupo, desde su brillante irrupción en el panorama flamenco, es la que va desde una propuesta ampliamente social, la de su primera obra, al progresivo intimismo de Cal y de esta su tercera propuesta. Sin olvidarse de ese calor que tanto conecta con el público, y una vez pasada la sorpresa organológica de escuchar las falsetas de Diego del Gastor en el tres cubano de Raúl Rodríguez, los espectáculos de Son de la Frontera ofrecen cada vez más espacio a las propuestas individuales de cada uno de sus miembros. Hubo dúos y completos, pero también hubo propuestas en solitario. Moi cantó por tonás y Paco de Amparo hizo tarantos contundentes y tensos. Raúl Rodríguez protagonizó uno de los momentos más brillantes de la noche en su intervención en solitario. Fue un toque improvisado, colorista e imaginativo, con el tres como único protagonista. Un espacio al calor del momento, una concesión a la espontaneidad.

Pepe Torres hizo dos bailes: alegrías y soleá. Pessoa flamenco, intimismo y soledad en escena, con una depuración técnica que tiene como consecuencia la austeridad siendo, como es, absolutamente brillante. Quizá la sorpresa mayor la constituyó la actuación como solista de Manuel Flores. Hasta ahora siempre se ha mantenido en un discreto segundo plano como palmero, cerrando las actuaciones del grupo con una pataíta por bulerías. Sin embargo, anoche se cantó y se bailó de largo. Llevó a la escena el ambiente de intimidad, buen gusto y desenfreno elegante propio de las fiestas de Morón. Con letras y melodías tradicionales, algunas de ellas infantiles, que ya antes trataron de estilizar gentes como Diego Carrasco. Se trata de un sentido homenaje a esa legión de grandes artistas festeros de reunión que son mitos entre la afición flamenca pero que raras veces se subieron, o se suben, a la escena. Sin duda, lo más divertido de la noche, con una coreografía improvisada y escanciada de cientos de noches, con el pañuelo como protagonista. Y letras desternillantes, dichas en una voz oscura, metálica y entregada. Como digo, la gran sorpresa de la noche.

Por otro lado, las sorpresas fueron menos de las que cabría esperar en un "estreno absoluto". Hubo toques nuevos, falsetas nuevas, y también temás tradicionales que ya hemos escuchado antes en este grupo, como las seguiriyas de Moi de Morón, dolientes y arrebatadas por otro lado, o la mentada soleá.

Al éxito de la noche contribuyó también la voz íntima de David el Galli, que se sumó a la agrupación para cantar alegrías y soleares al baile de Pepe Torres. Eso sí, con el tiempo se les fue un poco la mano, resultando un espectáculo largo en exceso.

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