Cultura

Sobre la importancia de conservar los legados

Cia. Rafael Campallo. Baile: Rafael Campallo. Cante: Londro. Artistas invitados: Juan José Amador y Antonio Molina El Choro. Guitarra: Juan Campallo, Jesús Guerrero. Percusión: José Carrasco, Antonio Montiel. Palmas: Bobote. Lugar: Teatro Central. Fecha: Jueves, 7 de octubre. Fecha: Lleno.

Manuel Soler estaba llamado a ser una de las más grandes figuras del baile flamenco cuando una lesión de corazón le obligó a trasladar su arte de sus rapidísimos pies a unas manos que, a partir de aquel momento, vivieron agarradas a una guitarra o a un cajón. Maestro de vida y de compás, en la Bienal de 1996 estrenó un fantástico espectáculo llamado Por aquí te quiero ver en el que su talento rítmico sirvió de base para el lucimiento de tres jóvenes bailaores sevillanos: Javier Barón, Israel Galván y Rafael Campallo. Casi nada.

Ahora, para celebrar su vuelta a la Bienal, Rafael Campallo ha querido dedicarle su trabajo a este genial artista desaparecido en 2003. Y no sólo enmarca el espectáculo con filmaciones del mismo, sino que le deja un lugar en el escenario e incluso luce un traje beige como el que usaba Soler cuando bailaba en Los Canasteros.

Al compás de Soler es un espectáculo sencillo en el que la música ocupa un lugar primordial, al igual que el baile matizado e impecable de Campallo quien, tras una dedicatoria, sentado al cajón, se entregó en las seguiriyas y, sobre todo, en su elegante farruca, a un baile clásico sevillano que hoy pocos dominan, pero con una técnica del siglo XXI. Junto a unos pies tan privilegiados como los del maestro, el bailaor reivindica la colocación del cuerpo, la armonía de los brazos y el desarrollo de los bailes, cosa bastante rara en el flamenco actual. El mejor Campallo, sin embargo, llegaría sobre todo en la soleá por bulerías del final ya que, con gran generosidad, le cedió las alegrías a su compañero El Choro -que las bailó bien, con su peculiar estilo- y pasó de puntillas por los tangos de unos tientos que protagonizó la voz segura del otro invitado, Juan José Amador. Y con la bulería, antes de volver a la pantalla, nos dejó un poco de ese sutil pellizco que siempre hemos admirado en él y que anoche quedó algo disuelto en la solemnidad de la velada. En todo caso, el legado del maestro sigue vivo.

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