Cultura

La muerte os sienta tan bien

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El público logró robarle gran parte del protagonismo a los intérpretes. Fue una actitud que me molestó, porque la considero poco respetuosa con los artistas y con parte del aforo. Me explico: el público aplaudió los silencios, las pausas. El público jaleó al intérprete cuando la contuncia eléctrica de Orthodox o de Fernando Terremoto le daba un respiro. Lo primero que pensé es que esa parte del público estaba molestando a la otra parte, la que permanecía a la escucha del silencio y la verdad. Y que estaba molestando a los artistas. Ocurrió a lo largo de todo el espectáculo. Pero, en lo que a mí concierne, me resultó especialmente molesto en la primera, y en mi opinión mejor, parte de esta propuesta titulada El final de este estado de cosas, la versión de Israel Galván sobre el Apocalipsis.

Aún sigo pensando que fue una falta de respeto. Pero también pienso que así debía ser. Que este es el público de Sevilla que todo lo aplaude, aunque sea la presentación o representación de la muerte. Con el público de Sevilla quiero decir esa parte que anoche aplaudió en el teatro de la Maestranza, y hago extensible esta definición a esa parte del público que lo aplaude todo en los espectáculos flamencos. Todos los silencios, todos los remates. Por eso, y el hecho de que Israel Galván es consciente de a qué público se dirigía, ahora pienso que esto, en cierta forma, formaba parte del guión: Israel Galván vuelve a Sevilla, su ciudad, laureado en las más altas instancias estatales, y Sevilla, ahora, se le rinde, le aplaude a rabiar. Claro, que no parece que fuera el momento más oportuno para hacerlo. Cuando se nos representa la verdad de nuestros huesos: que, dentro de cien años, todos calvos. Sobre todo en la primera y más solemne parte. En ella bailó Israel Galván sobre una plataforma móvil. Bailó unos trallazos que se correspondían con los que Alfredo Lagos propinaba a su guitarra. Con los que Fernando Terremoto nos endiñaba por seguiriyas terribles. Y, a mi parecer, la actitud del público de aplaudir la muerte espoleaba aún más a los intérpretes. En el pasado nuestra cultura imponía un silencioso respeto ante la muerte, pero, después de los últimos acontecimientos retrasmitidos en directo desde Beirut o el aeropuerto de Barajas: ¿por qué no considerar que la muerte es un espectáculo, y, por tanto, aplaudir a rabiar?

Israel se mantiene fiel a sí mismo. El final de este ... es una depuración y profundización en su lenguaje y en sus obsesiones. El dolor. La soledad. La muerte, claro está. Es una continuación de Arena, de Tábula rasa. Es un capítulo más de una obra absolutamente coherente. Creo que pierde fuerza en la segunda mitad, precisamente cuando más acto de presencia hace el humor. Con todo, el público aplaudió ese espejo deforme de la feria del Rocío, de cualquier feria del sur, que se mostró en el escenario. Y pienso que esa parte del público que aplaudía no quería oir, ver.

Debo reconocer el mérito del vídeo de Zad Moultaka que, por mi parte, fue lo que me introdujo en el espectáculo, produciéndome unescalofrío y dejándome sin aliento la siguiente hora. Está protagonizado por Yalda Younes, que protestaba con su baile israeliano (es alumna del bailaor) contra las bombas que caían en Beirut.

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