Florian Henckel von Donnersmarck | cineasta "Alemania ha estado en el centro de todas las locuras del siglo XX"

  • El director de 'La vida de los otros' regresa con 'La sombra del pasado', una historia inspirada en la compleja vida del pintor Gerhard Richter

Florian Henckel von Donnersmarck (Colonia, 1973). Florian Henckel von Donnersmarck (Colonia, 1973).

Florian Henckel von Donnersmarck (Colonia, 1973). / Thomas Leidig

Gerhard Richter (Dresde, 1932) es uno de los pintores vivos más influyentes y un héroe de la cultura alemana. Sus inicios en la RDA como muralista y su traslado a la célebre Academia de Düsseldorf, donde se formó con Joseph Beuys y trabó amistad con Sigmar Polke y Blinky Palermo, sentaron las bases de una de las propuestas artísticas más insobornables del siglo XX. Con sus fotografías pintadas y sus abstracciones expandió los límites de la pintura y se convirtió en el precursor más valorado de la generación de neoexpresionistas alemanes que incluye a Baselitz y Kiefer. A sus 87 años reside aún en Colonia.

La relación entre su evolución creativa y su difícil existencia puede rastrearse en obras como la que dedicó a su tía Marianne, que sufría problemas mentales y fue esterilizada y asesinada por los nazis como parte de su programa de eugenesia. El futuro suegro del artista, un ginecólogo de las SS, tuvo un papel directo en el final de Marianne. Ese drama, que Richter abordó en su pintura pero del que no ha querido hablar, está en la génesis de la nueva obra del cineasta Florian Henckel von Donnersmarck, La sombra del pasado, que llega ahora a las carteleras tras su estreno español en el último Festival de Sevilla.

-¿Qué es exactamente su nueva película, una biografía espiritual de Alemania, una semblanza de uno de los pintores vivos más influyentes (Gerhard Richter, aunque se omite su nombre), una nueva vuelta de tuerca a los horrores del nazismo...?

-En una primera lectura o enfoque La sombra del pasado sería la historia de amor entre un joven artista fascinado por una chica cuyo padre ve en el muchacho todo lo que él desprecia (fragilidad, espíritu crítico, individualismo...). El padre, médico ginecólogo, ha sido un asesino nazi y luego alguien muy apreciado por el régimen en la Alemania comunista. Considera inaceptable que su hija se relacione con un chico modesto, sin atractivo, hace todo lo posible por destruir esa relación y cuando no lo consigue se empeña en destruir al artista, su obra. Por supuesto hay un telón de fondo, la historia reciente de Alemania desde la exposición de arte degenerado que Hitler patrocinó para difamar el arte moderno a la vida durante la Guerra Fría.

-Es su tercera película y su segunda incursión, tras La vida de los otros, en el pasado de Alemania. ¿Por qué le interesa tanto como cineasta la gestión de esa memoria colectiva?

-Nosotros los alemanes estamos en una posición perfecta para hablar de la historia universal del mundo al referirnos a nuestro propio país. Alemania ha estado en el centro de todas las locuras del siglo XX, cada una nos ha atravesado en el centro mismo de nuestra existencia. Incluso cuando el mundo estaba dividido en dos bloques nuestro país estaba partido en dos mitades, pero es que, además nuestra capital, Berlín, estaba dividida. Al hablar de una historia específica y concreta de Alemania podemos hablar con intensidad y profundidad, plenamente, de la historia del mundo.

-En el corazón de esta película está la pintura, a la que el cine ha vuelto sus ojos en éxitos recientes como la cinta sobre Van Gogh que ha dirigido Julian Schnabel, él mismo un excelente pintor.

-Adoro a Julian Schnabel, es para mí uno de los mejores directores hoy día. Creo que hay algo especial en el hecho de pintar. Me gustaría hablar algún día de la creatividad en el mundo de la ópera, del sufrimiento de un compositor cuando su música se lleva al escenario operístico, cómo eso la transforma en contacto con el glamour, la escenografía, todos esos problemas específicos que afronta un creador solitario. Pero aquí estaba inspirado por la vida y obra del pintor alemán Gerhard Richter, que fue un maestro a la hora de usar los terribles dramas de su vida y transformar ese dolor en pinturas maravillosas y bellas. Por ejemplo, obras en las que se inspira en los terribles bombardeos que sufrió Dresde, su ciudad natal, y que consiguen transmitir confianza e incluso cierta paz pese al suceso horrible que las inspiró. El hecho mismo de que Richter llegara a pintara eso me demuestra que la pintura le ayudó a superar el drama, le infundió coraje para abordar su propia vida. La pintura es la materialización de su empeño por vivir, de su deseo de salir adelante y reconciliarse con su existencia. Esa pulsión que creí encontrar en su obra pictórica fue el motor de esta película.

"No logré que la viera. Ahora pienso que esta película es para todos los públicos... excepto para Richter"

-Gerhard Richter le ayudó inicialmente con este proyecto pero luego se ha distanciado por completo del mismo. ¿A qué se debe?

-Efectivamente no logré que Richter viera la película, le insistí en hacerle un pase privado en un teatro para que pudiera valorar cuánto había de ficción en ella. Y me contestó que no se sentía con ganas. Me entristeció la respuesta pero al mismo tiempo había sido tan generoso en la preparación de la película al mostrarme tantas obras suyas, al viajar a los lugares de su biografía y dejarme grabar tantas horas de entrevistas… Sólo había dos posibilidades. Que no quisiera ver en la gran pantalla terribles experiencias de su vida con las que no quería confrontarse. O que pensara que está tan ficcionalizado todo que la película no tiene nada que ver con él. Y cualquiera de las dos opciones me parece lógica y respetable. En todo caso ahora pienso que esta película es para todos los públicos… excepto para Gerhard Richter.

-Es interesante también su relación con el otro Richter de la película, Max Richter, el autor de la banda sonora y uno de los músicos más importantes del panorama actual, con el que trabaja por vez primera. ¿Por qué le eligió?

-Creo que Max Richter emergió pronto como el compositor líder de su generación, le admiro inmensamente. Como sabe, no tiene nada que ver con el pintor y ni siquiera habla alemán. Aunque de origen germano, creció en Inglaterra, donde reside, su idioma es el inglés y se formó en Edimburgo, en Londres y más tarde en Florencia con Luciano Berio. Es un músico fascinante, muy emocional y profundo. Ha colaborado en películas europeas y estadounidenses pero la calidad humana de su música está muy presente también en sus colaboraciones con la banda sonora de la serie The Leftovers o en sus partituras para Vals con Bashir, la película de animación de Ari Folman. Para mí la obra de Max Richter es tan grande como la de los Beatles o la sonata Claro de luna de Beethoven en su capacidad de tocar el alma humana. Es hermosa, poderosa, algunos pasajes te tocan profundamente... Espero sinceramente seguir trabajando con él en los años venideros.

"Hay un consuelo para todas las cosas difíciles de los años de la juventud y las simboliza el amor"

-El amor es el gran tema de su obra. Aquí duele pero es también redentor, trascendental.

-El aspecto amoroso está siempre en el centro de mi trabajo porque está en el centro de la vida. A menudo olvidamos que los años de la adolescencia y la juventud están idealizados pero son el momento más difícil que alguien afronta en toda su vida, son años en que no tienes dinero ni poder, estás a expensas de gente que te guía, te usa o espera demasiado de ti, o te lleva a ser alguien que no quieres ser… Pero hay un consuelo para todas las cosas difíciles de ese período y las simboliza el amor. La intensidad del amor, espiritual y físico, es lo que más aprecio de la historia que narra esta película. Me siento especialmente orgulloso de las escenas de amor que filmamos.

-¿Ha tenido que pagar un peaje demasiado elevado por lograr el Oscar con su primera película, convertida en un hito del cine alemán contemporáneo?

-Fue estupendo estar nominado y resultar vencedor por La vida de los otros pero no era algo que esperara. Es cierto que sin esa nominación y sin el Oscar no hubiera sido capaz de conseguir dinero para esta película de tres horas ni hubiera recabado la atención suficiente como para ser nominado a los Globos de Oro. Es agradable estar ahí pero no me afecta a la hora de realizar mi propio trabajo ni tampoco en lo que pienso sobre mi obra o mi modo de trabajar porque sé que los premios y honores son cuestiones que escapan de nuestro control.

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