LA VIUDA | CRÍTICA

Arruinada por un remate disparatado

Isabelle Huppert interpreta la cinta. Isabelle Huppert interpreta la cinta.

Isabelle Huppert interpreta la cinta.

Una primera hora muy buena, con golpes que hielan el corazón y un acoso agobiante como una pesadilla. Y una última media hora pésima que la arruina por completo. Este es el triste resumen del regreso al cine del veterano y desigual Neil Jordan que a lo largo de cuatro décadas nos ha dado, junto a unos cuantos churros, obras tan estimables como Mona Lisa, Juego de lágrimas, Michael Collins, El final del romance, El buen ladrón y una muy apreciable tetralogía de fantasía y terror con En compañía de lobos, Entrevista con el vampiro, Dentro de mis sueños y Byzantium. No es mal balance.

Por eso es una pena que este buen director, en su edad veterana, no haya sido capaz de poner orden en el guion escrito por él y por Ray Wright, responsable de churros como Expediente 39 (una especie de La viuda al revés) o The Crazies. Nolan debía haber roto todas las páginas del guion a partir del minuto 55 o 60 de la película y darle una ultima parte y un final que estuvieran a la altura del interés de esa primera hora. O por lo menos que no hiciera naufragar la película en un disparate bochornoso.

En la primera parte se aprecia la mano de Jordan, muy dado desde sus inicios -recuérdese En compañía de lobos- a reescribir cuentos infantiles en clave adulta. Una chica inocente que no se sobrepone al duelo tras la pérdida de su madre encuentra un bolso de lujo olvidado en el metro y, como dentro está la documentación de su dueña, decide devolvérselo. Este es el estupendo arranque de la película. Imaginen que el bolso es la casita de chocolate y caramelos que atrae a Hansel y Gretel y que Isabele Huppert vive en ella. No digo más. Solo que durante casi una hora Jordan logra ponernos el corazón en un puño con excelentes y serenas buenas maneras cinematográficas. Pero después… Después lo tira todo por la borda.

Vale la pena verla por esa primera hora y no la vale por la decepción que supone ver como se despilfarra una buena idea que tan bien se ajusta al universo de un director apreciable. Vale también la pena verla por la muy buena interpretación de Chloë Grace Moretz y sobre todo por la excepcional de Isabelle Huppert que -dicho sea con todo respeto- tiene el gesto agrio, cruel, antipático y de mala leche preciso para interpretar a personajes tan "simpáticos" como el de esta película o los de Elle y La pianista. Pero su muy buen trabajo, como sucede con la excelente primera parte, hace aún más desastrosa la grotesca resolución de la película.

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