Crítica de Cine

Buen melodrama con niña superdotada

Muchas películas, no solo con niños de protagonistas, han tratado de la renuncia a un don o a un destino excepcional para vivir una vida anónima, normal y corriente. A veces los dones son maldiciones y el destino excepcional es una carga. El gran cuentista Sholem Aleijem -en cuyos relatos se inspiró El violinista en el tejado- contaba que un desdichado judío, pobre y apaleado por los antisemitas, exclamó: "¡Pueblo elegido, pueblo elegido...! Dios mío, ¿no podías haber elegido a otro?".

En una más modesta versión de niña huérfana superdotada esta película trata de un don, y del rechazo y las ambiciones que desata en su entorno. Su tío quiere que lleve una vida normal, porque hay precedentes dramáticos en la familia, y su abuela que estudie en un colegio para superdotados. Al drama sentimental se suma el judicial por la custodia de la pequeña. Como un cruce entre Kramer contra Kramer (en versión no padre vs. madre sino tío vs. abuela) y Little Man Tate.

La cosa funciona bien gracias a las estupendas interpretaciones de la pequeña McKenna Grace, Chris Evans, Lindsay Ducan y una soberbia Octavia Spencer (la gran intérprete afroamericana de Criadas y señoras o Figuras ocultas). Y gracias, también, a la pulcra y clásica realización del versátil Marc Webb, autor de la excelente (500) días juntos después dedicado a Spider-Man y ahora retornado al cine de sentimientos. Con menos originalidad que en la película que le hizo famoso, pero con una contención y una modestia muy de agradecer.

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