críticas de cine

Cranston hace excelente una buena película

Bryan Cranston, actor de talento y estrella tardía, disfruta en 'Infiltrado' de la primacía interpretativa absoluta. Bryan Cranston, actor de talento y estrella tardía, disfruta en 'Infiltrado' de la primacía interpretativa absoluta.

Bryan Cranston, actor de talento y estrella tardía, disfruta en 'Infiltrado' de la primacía interpretativa absoluta.

Secundario de cine y televisión desde los años 80, Bryan Cranston fue ganando posiciones con sus papales de carácter en Salvar al soldado Ryan, Pequeña Miss Sunshine, El profesor, Contagio, Drive o Argo. Pero tal vez nunca hubiera dejado de ser un buen secundario si la serie televisiva Breaking Bad no lo hubiera convertido en una estrella, dándole la posibilidad de consagrarse en la gran pantalla con su extraordinaria interpretación en Trumbo, contando ya 60 años. No se pregunten cómo tanto talento pudo estar en tan discretos roles durante tanto tiempo: son las cosas del cine actual. En Infiltrados vuelve a convertirse en el centro de la película gracias a otra excepcional interpretación que, afortunadamente para él, cuenta con mejor guión y dirección que la interesante pero desigual biografía de Dalton Trumbo. Basada en un libro escrito por el propio protagonista -el agente Robert Mazur- muy bien convertido en guión por Ellen Brown Furman, tiene una acertada y sobria realización del artesanal Brad Furman (The Take, El inocente) que saca a la historia todo su complejo jugo dramático y todo su suspense, dando a Cranston la primacía interpretativa absoluta, pero rodeándolo también de un curioso reparto lleno de sorpresas veteranas -desde la gran Olimpia Dukakis hasta nuestro Simón Andreu- y de muy buenos actores jóvenes estadounidenses, latinos y españoles como Benjamin Bratt y Elena Anaya (estupendos como el matrimonio Alcaino), Yul Vázquez (brillante como el siniestro y estrafalario Ospina), Juliet Aubrey (densa actuación como la aterrada esposa del protagonista) o Leanne Best (matizada interpretación entre la fragilidad y la fortaleza como compañera infiltrada de Cranston).

La historia es apasionante: durante varios años el agente Mazur se infiltró en las redes de los narcos hasta llegar, como hombre de confianza que blanquea el dinero, hasta los más próximos colaboradores de Pablo Escobar. Casado y con hijos, esto le supone no sólo poner su vida en peligro, sino la de los suyos. Y algo aún más difícil: vivir a la vez la vida de un padre de familia con dos hijos y la de un supuesto millonario sin escrúpulos que comparte con la cúpula narco sus vidas de crueldad sin límite, lujo desenfrenado, drogas y prostitución. Aunque lo mejor del guión es otra vuelta de tuerca más sutil. Llegado a la cúpula de los narcos -donde amistad, lealtad y complicidad son lo mismo- el agente finge hacerse amigo de los capos que le invitan a sus lujosas residencias privadas, le abren las puertas de sus vidas familiares con sus esposas e hijos, comparte sus alegrías y preocupaciones... Hasta que un raro afecto le liga a ellos haciéndole sentirse, de alguna manera, un traidor. Este es el punto dramáticamente más interesante de esta apreciable película que sumerge en el infierno narco con toda su crudeza, ciertamente, pero sin utilizar como carnaza sus escenas de violencia. A sus tres estrellas, Cranston añade la cuarta.

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