Crítica de Cine

Demasiado ligera para tan serio asunto

La siempre convincente presencia de Tom Hanks es uno de los atractivos de la correcta 'El círculo'. La siempre convincente presencia de Tom Hanks es uno de los atractivos de la correcta 'El círculo'.

La siempre convincente presencia de Tom Hanks es uno de los atractivos de la correcta 'El círculo'. / d. s.

Asignatura pendiente(2006, no confundir con la reliquia "transicional" de Garci) tenía el interés de una muy buena interpretación de Nick Nolte. La flácida versión indie de Días de vino y rosas que fue Tocando fondo (2012) tuvo buena acogida en el festival presuntamente independiente Sundance que un año más tarde lo consagró con la blandiblú Aquí y ahora. El último tour (2015), reconstrucción de la entrevista entre un reportero de Rolling Stone y el novelista "maldito" David Foster Wallace, pareció consagrar definitivamente al realizador James Ponsoldt como una de las promesas o realidades jóvenes del cine americano. Era un posible caso de apresuramiento y sobrevaloración que confirmaría El círculo, una sólo correcta adaptación del best seller de Dave Eggers que trata, situando la acción en un futuro próximo, de la invasión total de la privacidad por las nuevas tecnologías y del uso que los poderes políticos y económicos (perdón por la reiteración) pueden hacer de ellas. En la estela de otras famosas distopías clásicas se trata de una visión pesimista de las posibilidades que el desarrollo tecno-científico ofrece a nuevas formas de opresión o incluso de dictadura.

El formato narrativo de la película, tomado tanto de la ciencia ficción como de los thrillers de denuncia del funcionamiento de las grandes corporaciones al estilo de La tapadera, se sirve del personaje clásico del joven talento contratado por una gran, importante, avanzada y generosa compañía que poco a poco va descubriendo -y el espectador con ella, porque se trata de una mujer- la siniestra realidad de los proyectos en los que trabaja, que resultan ser algo así como la trasposición del Ojo de Dios que todo lo ve y juzga, al que sólo deben temer los pecadores (el "¿dónde está tu hermano Abel?" del Génesis), o su versión atea y totalitaria del "sólo deben temer los culpables y los traidores", al universo de las redes sociales, la exposición a ellas y el control de la información en directo sobre la totalidad de la población en nombre de los (falsos) bienes éticos y sociales de la virtud que no teme ser observada, la garantía de la erradicación del mal desvelado por dicha observación y la transparencia total como garantía de la democracia. El mundo entero y la realidad convertidos en el plató de El show de Truman.

Con un tema tan atractivo, serio y actual -porque por desgracia esto casi no es ya ciencia ficción- Ponsoldt construye una película demasiado convencional y complaciente, como si quisiera que lo grave y actual del tema atraiga, pero sin crear incomodidad ni generar excesiva preocupación. Parece que por una parte dijera: no hablo del futuro, sino de hoy; y por otra añadiera: pero no se preocupen, esto es ciencia ficción y además las cosas siempre tienen arreglo. La entretenida tersura narrativa de la película y las medidas interpretaciones de Emma Watson y Tom Hanks se vuelven contra la entraña crítica y pesimista de la historia, que exigiría una mayor aspereza o un más descarnado cinismo. Además de una conclusión un poquito más realista. Hay cosas que no pueden contarse amablemente o embellecerse.

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