José Luis Cienfuegos | Director del Festival de Sevilla Memorias de una cinefilia "sin filtros"

  • El director asturiano comparte en esta entrevista su educación audiovisual y sus planes culturales en el confinamiento mientras avanza con su equipo la próxima edición de la cita

José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) en su despacho en noviembre de 2019. José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) en su despacho en noviembre de 2019.

José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) en su despacho en noviembre de 2019. / José Ángel García

José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) ha impuesto al Festival de Sevilla una personalidad propia como antes lo hiciera con el Festival de Gijón, del que se hizo cargo en 1995 hasta su cese a comienzos de 2012, año en que desembarcó en la capital andaluza. Licenciado en Psicología por la Universidad de Oviedo, siempre estuvo vinculado al audiovisual y a los medios: ejerció la crítica de cine y fue guionista y presentador en RNE entre 1991 y 1992, momento en que empezó a colaborar y programar con la Obra Social y Cultural de Cajastur.

En estos días de obligado confinamiento continúa preparando con su equipo, pero a distancia, la 17 edición de un certamen que Sevilla debería acoger del 6 al 14 de noviembre. Canceladas varias de las grandes citas españolas, como Málaga, y aplazadas otras como Cannes, el Festival de Sevilla supondrá una de las más rotundas reivindicaciones de la cinematografía europea en un año turbulento donde hasta los estrenos más esperados renuncian a confirmar sus fechas.

Cienfuegos, cuya apuesta por el cine alternativo popularizó pronto su labor más allá de Gijón, responde a vuelta de correo electrónico esta entrevista sobre sus memorias cinéfilas, sin dejar de expresar su temor "por que la conversación acabe pareciendo una secuela de Cinema Paradiso".

'Sangre en la tumba de la momia', un Hammer tardío que fascinó de niño a Cienfuegos. 'Sangre en la tumba de la momia', un Hammer tardío que fascinó de niño a Cienfuegos.

'Sangre en la tumba de la momia', un Hammer tardío que fascinó de niño a Cienfuegos.

Su evocación personal comienza agradeciendo "esa educación sin filtro de nuestra generación, una educación cinéfila absolutamente bastarda porque lo mismo reaccionábamos con entusiasmo ante los clásicos como King Kong o La diligencia que engullíamos spaghetti western, giallo o cine de artes marciales", recuerda sobre unos años de "cóctel explosivo" en que se agolpaban la sesión continua en cines de barrio, los títulos emitidos por TVE en sobremesa y las sesiones de cine de sábado y domingo a media tarde en el colegio, en una sala con 35 milímetros y gracias a un tutor con criterio. "Por aquellos años lo mismo veías Los violentos de Kelly que La huella, Cantando bajo la lluvia que un Hammer tardío como Sangre en la tumba de la momia; empalmabas con la película que ilustraba el debate de La clave (Wajda, Pasolini, Dreyer a menudo) y rezabas para que no se solapara con la película de la noche, el mítico Sábado Cine. Eran tiempos de una sola cadena... y de una sola pantalla en casa donde ocurrían cosas muy locas". Aún recuerda "la broma macabra de TVE emitiendo Planeta sangriento (Queen of Blood, 1962) de Curtis Harrington a las cuatro de la tarde!", comenta entre risas.

Cartel del estreno español de 'Planeta sangriento'. Cartel del estreno español de 'Planeta sangriento'.

Cartel del estreno español de 'Planeta sangriento'.

Movido por el "deseo inocente" de querer cambiar algunas cosas, Cienfuegos se embarcó con otros compañeros en la transformación del tradicional cineclub de la Universidad de Oviedo en un Aula de Cine, y logró pasar de programar en un salón de actos a que les cedieran una sala de unos multicines durante toda una semana. "Fue el punto de inflexión que marcó el salto al conocimiento a través del debate y las discusiones encendidas. Ahí fuimos poniendo orden en todo lo que habíamos visto, y colocando en su sitio el (escaso) cine de la modernidad al que habíamos tenido acceso". Gracias a la experiencia del Aula de Cine se desencadenó para él "una búsqueda insaciable y vertiginosa hacia los nuevos cines y las vanguardias. Por ejemplo, poder llamar a Paulino Viota para que nos viniera a hablar una semana sobre John Ford y Jean-Luc Godard fue lo más parecido a una revelación; por fin pudimos disponer de herramientas necesarias para apreciar aún más los clásicos y sus rupturas, como llegar a Tarkovski a través de William A. Wellman. Revisen por cierto su última película, La escuadrilla Lafayette (1958), y descubrirán recursos de la modernidad en un cineasta que viene de la época muda de Hollywood".

Cartel de 'La escuadrilla Lafayette' de Wellman. Cartel de 'La escuadrilla Lafayette' de Wellman.

Cartel de 'La escuadrilla Lafayette' de Wellman.

En 1991 le llegó a Cienfuegos la oportunidad de darle un giro a la programación de la Obra Cultural de Cajastur. Primero se ocupó de los ciclos cinematográficos "y ahí, todo bien, ningún problema". "El reto", recuerda, "fue abordar más tarde la música. ¿Por qué no pelear y derribar prejuicios? A principios de los 90 en las cajas de ahorros se programaba cine, conferencias, exposiciones, música clásica… incluso jazz. Pero el pop no tenía lugar. En toda lógica, se podían aprovechar los recursos y no sólo hacer las cosas, sino hacerlas mejor y llegar a otros públicos. Y ahí la suerte fue contar con la confianza para programar desde una institución centenaria que se abrió sin pudor a Einsturzende Neubauten, Godspeed You! Black Emperor, Arab Strap, Gigolo Aunts, Diamond Dogs o a The Cynics".

Es por ello inevitable que, cuando se le pregunta qué echa de menos de sus días al frente del Festival de Gijón, sus recuerdos entrelacen cine y música. "A nivel cinematográfico, añoro el no seguir vinculado al cine independiente americano y compartir una sidra con los Todd Haynes, Todd Solondz, Larry Clark, Harmony Korine con Chloe Sevigny o Kelly Reichardt. No poder apurar la noche con el cine independiente latinoamericano, con Lucrecia Martel, Lisandro Alonso o Carlos Reygadas. Y, claro, esos momentos de placidez y conocimiento con Abbas Kiarostami, Jafar Panahi o Tsai Ming-Liang. También añoro el recuerdo de grandes momentos como el score de Manta Ray o Múm poniendo banda sonora a El acorazado Potemkin (con Hildur Guðnadóttir, la compositora de la banda sonora de Joker de chelista)".

"De Gijón añoro grandes momentos como Manta Ray o Múm poniendo música a 'El acorazado Potenkim' con Hildur Guðnadóttir de chelista"

En estos días de pandemia en que las salas están cerradas pero la oferta audiovisual que se puede consumir desde casa parece infinita, ¿qué se llevaría si tuviera que irse a una isla desierta de wifis y plataformas? "Un Dreyer, un Ford, un melodrama de Douglas Sirk, alguna gamberrada de Russ Meyer, todo Godard. Y, si se me permite, no podría sobrevivir en la isla sin Bresson y Murnau", asevera.

'Watchmen' es "sin duda" la serie que recomienda para el confinamiento. 'Watchmen' es "sin duda" la serie que recomienda para el confinamiento.

'Watchmen' es "sin duda" la serie que recomienda para el confinamiento.

En lo que le queda de tiempo libre, en este confinamiento en que trabaja intensamente (lo que parece ser su ritmo habitual), procura ver "mucho título no europeo por razones obvias", y ha caído con placer en las redes de algunas series "aunque a muchas se les ven las costuras demasiado rápido". Con todo, recomienda "sin dudarlo" Watchmen, "donde funciona mejor curiosamente lo que es el entramado sentimental y sus conflictos interiores que las secuencias espectaculares", y a cierta distancia The boys. "Mi único miedo es la creación de un espectador educado sobre las expectativas del capítulo siguiente, de un ¿y ahora qué? o un ¿y ya está?, que esté demasiado sometido a las piruetas de guion o caprichos del mercado. Pero no vale rendirse sino buscar otras maneras de comunicarnos con ellos, si es que queremos seguir siendo prescriptores. Por otro lado, pienso que éste es un buen momento para embarcarse en la película La flor de Mariano Llinás y sus 800 minutillos y, para compensar, también en Filmin tienen una joyita de 75 minutos, El viaje de Takara de Damien Manivel".

"El sector sabe que ahora se tiene que apoyar y que se debe ejercitar la imaginación y la solidaridad"

Siguiendo con otros planes culturales que se pueden disfrutar en el estado de alarma, el director del SEFF está acabando el libro Abrazo mortal. De la guerra colonial a la guerra civil en España y Marruecos de Sebastian Balfour, que ha ido combinando con Homenaje a Cataluña de Orwell, "que he redescubierto". Y esperando, sobre la mesa, se encuentra Frontera. Un viaje al borde de Europa de Kapka Kassakova. "En cuanto a la música, no me pierdo los Virtual Allnighter del [festival mod gijonenense] Euroyeyé: hay sesiones de soul, northern soul, boogaloo... todos los sábados hacia las 20:00".

Fotograma de 'La flor', cinta de Mariano Llinás de 800 minutos. Fotograma de 'La flor', cinta de Mariano Llinás de 800 minutos.

Fotograma de 'La flor', cinta de Mariano Llinás de 800 minutos.

Esta época del año siempre es de mucho trabajo de oficina en el Festival de Sevilla, que ya avanzó que estrenaría en España El año del descubrimiento, del director Luis López Carrasco, y mantiene abiertas las preinscripciones para que los sevillanos de entre 14 y 16 años puedan participar en el jurado de la mejor película europea para público joven (YAA). "Es tiempo de redacción de proyectos para las subvenciones ICAA y Europa Creativa, de montar el esqueleto de la programación del SEFF. Nuestro trabajo se reparte ahora entre seguir avanzando con la nueva edición cada uno desde su casa, a lo que se ha unido una intensa agenda de reuniones sectoriales y de videoconferencias para estar muy en contacto con todo el mundo, intercambiando información, experiencias, ideas y recursos, sobre todo con aquellos festivales a los que les ha tocado sufrir el estado de alarma y les ha pillado de pleno".

"El reto es cómo articular en circunstancias tan complejas un festival cuyo éxito ha radicado en la total convivencia de público y cineastas"

Cienfuegos detecta "una sensación de unidad y solidaridad pero también de lógica preocupación. El sector es consciente de que se tiene que apoyar, que no puede haber fracturas y hay que ejercitar la imaginación y la generosidad". Así, pone como ejemplo "la clara voluntad institucional (estatal y europea) de flexibilizar la evaluación de los proyectos, y la comunicación día a día con la industria, productores y exhibidores, manejando todos los escenarios posibles en la toma de decisiones. Sea como fuere, está claro que los pasos que se den serán consensuados por todas las partes", incide.

Son unos días también donde -observa- "se está reafirmando el papel relevante de los festivales, su trabajo leal hacia el cine y los cineastas, y su vocación de servicio público, que además genera empleo". El reto ahora, concluye, "es cómo articular en circunstancias tan complejas como estas un festival cuyo éxito ha radicado en la total convivencia de público y cineastas y del diálogo entre las diferentes secciones. Y cómo a partir de esta crisis va a ser la relación entre el espectador (nosotros mismos) y la obra audiovisual".

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