Crítica de Cine

Poscolonialismo para blancos

David Oyelowo y Rosamund Pike, una pareja que lucha contra los prejuicios raciales en 'Un reino unido'. David Oyelowo y Rosamund Pike, una pareja que lucha contra los prejuicios raciales en 'Un reino unido'.

David Oyelowo y Rosamund Pike, una pareja que lucha contra los prejuicios raciales en 'Un reino unido'. / d. s.

Un reino unido, tercer largo de Amma Asante (Belle), es una de esas películas que obligan a mirar la enciclopedia: se trata aquí de la -"inspiradora", que diría un cursi- historia real de la pareja interracial formada por Seretse Khama, príncipe heredero al trono de Bechuanalandia, hoy República de Botsuana, y la oficinista Ruth Williams, la mujer blanca de la que se enamoró y con la que se casó (1948) durante su periodo de formación en Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial.

Situados en el contexto de descolonización de la segunda mitad del XX, lo que nos queda (en claro) es el meollo romántico y el esfuerzo de una pareja que luchó contra viento, marea, geopolíticas y todos los prejuicios raciales imaginables (aquí y allá) no sólo por sacar adelante su relación, sino por escribir una página de conquistas democráticas, desarrollo y prosperidad en el corazón del África más pobre y olvidada.

El problema, claro, es que todo viene embutido en las formas académicas (los más optimistas dirían clásicas) y el esquematismo didáctico, lo que implica un sobreexceso de información dialogada, postales al atardecer y una flagrante falta de profundización en los matices y los personajes más allá de las correctas prestaciones de un David Oyelowo siempre creíble en su intensidad emocional y una Rosamund Pike a la que su esposa sufrida, comprometida y amorosa en tierra extraña le queda corta sobre el papel.

Por decirlo suavemente, Un reino unido no deja de ser, a pesar de sus mimbres históricos, un tibio y simplificado drama poscolonial para blancos, en su borrado de toda verdadera singularidad del otro y en su cándido mensaje anticolonial y de abnegación buenista sobre un país (un continente) que tiene en sus manos (y en la explotación de sus diamantes) el destino de una prosperidad siempre idealizada.

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