Crítica de Cine cine

Tiempo de responsabilidades

Imagen de una escena de la nueva película del cineasta rumano Cristian Mungiu. Imagen de una escena de la nueva película del cineasta rumano Cristian Mungiu.

Imagen de una escena de la nueva película del cineasta rumano Cristian Mungiu.

El nuevo cine rumano le sigue tomando el pulso a la dilatación temporal y a la fábula moral sobre la historia reciente y el presente de su país como fórmula de éxito que se alarga ya más de una década en el circuito festivalero de autor. Fue precisamente Cristian Mungiu quien abanderó la oleada con su Palma de Oro de 2007 en Cannes por 4 meses, 3 semanas y 2 días, dando paso al triunfo sucesivo en diversos certámenes de otros colegas como Porumboiu, Puiu, Serban, Muntean o Jude.

Con otro premio en Cannes bajo el brazo (mejor director), Mungiu regresa ahora con esta nueva historia de aparente perfil dramático bajo que se adentra en los vericuetos de un pequeño gran conflicto moral ocasionado por la obsesión de un padre por que su única hija adolescente supere con éxito los exámenes finales que le permitan conseguir una beca para estudiar en el extranjero. La anécdota cotidiana (la hija es agredida) crece y se expande así como metáfora (a veces demasiado explícita) de una sociedad corrupta, irresponsable e incapaz de tomar las riendas de su edad adulta, aún anclada en las inercias del viejo régimen dictatorial y burocratizado. Mungiu va desplegando poco a poco su particular sentido del suspense dilatado, tejiendo una trama que va abriendo conflictos y revelando mezquindades cada vez que el padre se ve abocado a mover pieza para que sus deseos, que no son tanto los de su hija o su deprimida esposa, puedan cumplirse con cierta seguridad.

En el retrato de conjunto no se libra nadie: ni la policía, ni la justicia, ni los profesores, ni los compañeros de trabajo, ni los vecinos. Los exámenes abre así su formato panorámico, su potente fuera de campo y su realismo decolorado a una constante agresión a los cimientos de la honradez, dejando que sea el espectador quien ate cabos y saque por sí mismo las conclusiones.

Pensar que estos asuntos son sólo cosa de la joven democracia neocapitalista rumana es ser demasiado optimista. No hay que irse tan lejos para reconocerlos.

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