Cosmética del enemigo | Estreno en Filmin Fantasmas de hormigón

Tomasz Kot y Athena Strates en una imagen de 'Cosmética del enemigo'.

Tomasz Kot y Athena Strates en una imagen de 'Cosmética del enemigo'.

Hay títulos que no invitan precisamente al optimismo en su pretenciosidad de diseño. Es el caso de esta Cosmética del enemigo que adapta la novela de la francesa Amélie Nothomb y con la que el barcelonés Kike Maíllo da un paso más en la búsqueda de su espacio fluido en el cine europeo de autor con cierta vocación de género después de Eva, relato de ciencia-ficción, y Toro, fallido intento de españolizar el thriller de venganza a golpe de imaginario y tópicos celtibéricos.

La cosa aquí viene envuelta también en papel de diseño, un relato sobre el doble que juega sus cartas trileras sin demasiada habilidad para la sutileza y el misterio. Pronto podrá desvelar el espectador que el duelo dialéctico y narrativo entre un arquitecto polaco (Tomasz Kot, lo recordarán de Cold war) y la joven descarada (Athena Strates) que lo acosa entre un viaje en taxi y las salas del aeropuerto parisino Charles de Gaulle que diseñó el primero, no es sino un gran teatrillo psicológico para revelar el trauma que aún acompaña a nuestro protagonista.

Cosmética del enemigo va revelando inevitablemente su propio mecanismo especular y deformante con escaso sentido del suspense y demasiada dependencia en la palabra, aunque Maíllo se empeñe en sobrevolarla con ciertos gestos de estilo tan impersonales como ampulosos. Convertidos en marionetas del guionista y el director, entes sin alma ni dolor verdaderos, los personajes de esta cinta seguramente tuvieron más entidad o fueron más atractivos y complejos en su versión en papel. En esta película se acaban pareciendo demasiado a esas figuritas de plástico de la maqueta del aeropuerto.