I Care a lot | Crítica La mujer que detestas

Elza González, Dianne Wiest y Rosamund Pike en una imagen de 'I care a lot'.

Elza González, Dianne Wiest y Rosamund Pike en una imagen de 'I care a lot'.

Hace unas semanas veíamos cómo El agente topo jugaba en la frontera entre la ficción y el documental para colarse en una residencia para la tercera edad y retratar las soledades y el abandono de los mayores en clave de historia de detectives.

I care a lot también se desarrolla en una residencia de ancianos (deluxe en este caso), pero en un tono muy distinto que busca a través del humor negro y el sarcasmo su particular denuncia del neocapitalismo salvaje y la mercantilización de los cuidados a propósito de una anciana (estupenda Dianne Wiest) que será objeto de la enésima sucia estrategia de engaño y robo por parte de la gerente del centro, una Rosamund Pike que vuelve a aquí a calzarse como un guante ese personaje de mujer calculadora, cínica y autoconsciente (también lesbiana) dispuesta a cualquier cosa con tal de subir con orgullo los peldaños del éxito y el poder.

Lo mejor de esta comedia negra reside en sus constantes quiebros y volantazos sostenidos, lo que deja la premisa inicial en un preámbulo que desemboca pronto en una suerte de noir a la carrera que revela que nada era lo que parecía para ofrecer un duelo violento y desbocado entre el jefe enano y con muy mala leche de un clan mafioso (Peter Dinklage) y nuestra pérfida mujer sagaz y empoderada (en versión neocon), capaz de salir airosa de las situaciones más difíciles.

I care a lot se sostiene así con brío, potencia musical y desparpajo pop en la cuerda floja de sus retruécanos de guion y en la fidelidad al poder de seducción, anticipación y reacción de su protagonista, a la que J Blakeson (La quinta ola), bien consciente de su atractivo, se empeña en acompañar hasta el desabrido (y anunciado) final en un gesto que pareciera buscar empatía o al menos generar emociones encontradas.