Los Mitchell contra las máquinas | Estreno en Netflix Familia vs. algoritmo

Una imagen de 'Los Mitchell contra las máquinas'.

Una imagen de 'Los Mitchell contra las máquinas'.

Producida por Sony y estrenada directamente en Netflix sin previo paso por salas, Los Mitchell contra las máquinas le toma prodigiosamente el pulso a su tiempo con una proteica y entretenidísima aventura contra los designios adictivos del algoritmo y el Internet de las cosas basada en la caricatura de los estereotipos de la incomunicación intergeneracional en el seno de una familia de clase media y suburbial con perro bizco, gordo y patoso como mascota.

El debut de Michael Rianda y Jeff Rowe abraza así con actitud festiva, posmoderna e hipertextual viejos asuntos de la animación familiar y la ciencia-ficción sin renunciar al espíritu gamberro y a la integración de los códigos digitales de una nueva generación que ya no cree en los grandes relatos lineales ni en las texturas unidimensionales. Un festín de propulsión y generosidad de gags (a uno por escena, como está mandado) que avanza imparable, tal vez algo más allá de lo recomendable en su metraje, en una batalla on the road entre nuestra entrañable familia desastre en plena crisis de separación y el ejército de robots rebeldes que, a las órdenes del programa madre (PAL, evidente trasunto paródico del HAL de 2001 y de cualquier gran monstruo corporativo del ramo) con la voz de Olivia Colman, han decidido tomar las riendas de la humanidad para aniquilarla.

El viejo conflicto edípico entre padre analógico e hija adolescente se proyecta aquí en una sucesión de pantallas y niveles de juego que remiten al cine, sus iconos y géneros como marco de referencia (de Romero a Tarantino) tanto para contentar al espectador adulto como para el perfil de autorrealización de nuestra protagonista, aspirante a cineasta, mientras que los memes, filtros, viñetas, digresiones y otras aplicaciones 3.0 traducen visualmente el hiperestimulado universo contemporáneo de los jóvenes a los que esta película intenta ganarse para su amable causa anti-tecnológica y conciliadora desde el frenesí, el humor y la inteligencia.