La chaqueta de piel de ciervo | Estreno en Movistar + Comedia absurda vestida de ante

Jean Dujardin, protagonista de 'La chaqueta de piel de ciervo', de Quentin Dupieux. Jean Dujardin, protagonista de 'La chaqueta de piel de ciervo', de Quentin Dupieux.

Jean Dujardin, protagonista de 'La chaqueta de piel de ciervo', de Quentin Dupieux.

Las películas del polifacético Quentin Dupieux (Rubber, Wrong, Wrong cop), alter ego del músico y DJ Mr. Oizo, siempre han tenido algo de cortometrajes ingeniosos y estirados, filmes con premisas originales, raras y brillantes que coquetean con el absurdo y cierta desmitificación cinéfila para terminar desinflándose en el agotamiento de sus mecanismos autorreferenciales.

Le habíamos perdido la pista y se la recuperamos ahora, vía Movistar +, con el estreno en España de esta Chaqueta de piel de ciervo que reúne a Jean Dujardin (El oficial y el espía) y Adèle Haenel (Retrato de una mujer en llamas), estrellas de moda y personalidades antagónicas del último cine galo, en una nueva comedia inclasificable y escorada hacia el humor negro y el nonsense, a propósito de un hombre de mediana edad en crisis que decide abandonar su vida urbana y su chaqueta de pana para cambiarla por el aire fresco de las montañas alpinas y una cazadora de ante pasada de moda (como todo el diseño vintage de este filme) que simboliza, como aquella de Nicolas Cage en Corazón salvaje, el punto cero de su nueva identidad como autoproclamado cineasta cámara en mano.

Impulsada por esas formas controladas, cortantes y frías marca de la casa que observan a sus criaturas desde la distancia condescendiente, la película se adentra en una escalada de situaciones ridículas en las que nuestro protagonista se va abriendo paso en su esquinado objetivo de autotransfiguración a golpe de disfraz, impostura mal disimulada y violencia peliculera en una combinación que convierte el pueblo en un escenario macabro con resonancias de género entre gags y guiños para espectadores avezados.

La convicción que Dujardin insufla a su patético personaje termina siendo el pilar más sólido y consistente de una comedia excéntrica y nihilista que, a pesar de su breve metraje, nos sigue dejando la sensación de alargar la broma más de la cuenta sin sustancia suficiente que lo justifique.