Onyx, los reyes del grial | Crítica Un cáliz para Tres Culturas

De formato híbrido indefinible, entre el reportaje televisivo y el más avejentado docudrama salido de Cuarto Milenio, esta producción española avalada por instituciones públicas y privadas leonesas, viene a trazar entre testimonios (poco convincentes) de expertos, recreaciones ficcionales de distintos episodios históricos y el forzado hilo narrador de un monje interpretado por Jim Caviezel, el asendereado periplo del legendario Santo Grial.

Con un pequeño guiño a Indiana Jones y al esoterismo nazi que lo buscó infructuosamente en plena II Guerra Mundial hasta en el mismísimo Monasterio de Montserrat, el filme de Roberto Girault especula con voluntad de thriller para materializar en su desconcertante formato lo que, por otro lado, tampoco está del todo probado, a saber, que la copa de ónice de la que bebió Jesucristo en la última cena se encuentra realmente en la Colegiata de San Isidoro de León dentro del Cáliz de Doña Urraca. Conclusión pseudocientífica fruto de una investigación con paradas en Jerusalén, El Cairo o la España del siglo XI y que, en ánimo conciliador, hermana en el respeto y la veneración por la reliquia sagrada a cristianos, judíos y musulmanes.

El problema, como siempre en estos casos, es el constante boicoteo al que la película se somete a sí misma en su risible tránsito de lo documental a lo ficcional, formulado en un aséptico academicismo de recreación de época de saldo e interpretaciones acartonadas (también María de Medeiros) en un inglés que revela además las elevadas pretensiones exportadoras de un producto cuyo destino natural debería esconderse en la parrilla nocturna de algún canal temático.