'Eliminado: Dark Web' | Crítica Exprimiendo las últimas gotas

La película explota el recurso de la yuxtaposición de pantallas. La película explota el recurso de la yuxtaposición de pantallas.

La película explota el recurso de la yuxtaposición de pantallas.

El terror se ha inspirado en dos frentes opuestos: de un lado las antiguas tradiciones que traen al presente horrores de un pasado histórico (vampiros, momias, zombis) o inmemorial y mítico (las criaturas de Lovecraft o Arthur Machen); y de otro los horizontes terroríficos abiertos por la modernidad (los psychokillers nacidos de Jack el Destripador) y la ciencia, desde Frankenstein o el nuevo Prometeo de Mary Shelley a -caso de esta película- las redes y los ordenadores pasando por la energía atómica o los aparatos de televisión y los experimentos genéticos.

En este caso la guarida del terror, lo que antes eran abadías y castillos en ruinas, cementerios, sótanos o galerías secretas, está en los archivos escondidos en la memoria de un ordenador. Su imprevisor dueño abrirá con un clic las puertas que desatarán el horror como antes sus igualmente imprevisores predecesores lo liberaban abriendo una puerta que más les valía haber dejado cerrada o visitando un lugar que deberían haber evitado. Prolongando y explotando el hallazgo de Eliminado (2014) esta secuela pasa de la muerta que envía mensajes a través de Skype a los horrores (delitos reales o inventadas leyendas urbanas) que las redes difunden ante un nuevo y multitudinario público de mirones a la vez que los ocultan en sus intrincados y anónimos laberintos.

Todo se desarrolla casi en tiempo real a través de pantallas de ordenadores (el recurso a la yuxtaposición o superposición de varias dentro de la misma pantalla, sin ser una idea original, se exprime al máximo dando agilidad narrativa y riqueza visual) que apresan la atención de quienes creen que contemplar el horror no tiene consecuencias, creyéndose a salvo de los mundos que exploran en las redes por hacerlo desde la seguridad de sus casas ignorando lo que escribió Nietzsche en Más allá del bien y del mal: "Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti".

La película logra momentos de tensión, pero la fórmula está a punto de agotarse

Desgraciadamente ni los productores, ni los guionistas, ni los directores deben leer mucho, ni al filósofo que tantos horrores reales inspiró ni a los maestros del horror literario, y tampoco deben confiar demasiado en las lecciones de los maestros del cine de terror; por lo que las buenas ideas, aunque como en este caso sean estiramiento de otra anterior, no suelen cuajar en buenas películas. Basta la ocurrencia, y más cuando se basa en un éxito anterior, para justificar una labor rutinaria. Pero afortunadamente para los aficionados a estas cosas la película alterna lo esperable con algunas sorpresas formales y argumentales que la rescatan del tedio que el cine de terror con y para adolescentes provoca. Y logra momentos de tensión. Valga lo uno por lo otro. Aunque también está claro que la fórmula está a punto de agotarse si no la refrescan con ideas nuevas.

Etiquetas

,

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios