Papicha | Crítica La patria hostil

Una imagen de 'Papicha'. Una imagen de 'Papicha'.

Una imagen de 'Papicha'.

Tras su paso por Un certain regard en Cannes 2019 y hacerse con el César a la mejor opera prima y a la mejor actriz revelación (Marwan Zeghbib), Papicha llega a la cartelera veraniega para trasladarnos a la convulsa Argelia de los años 90 a través del retrato de un grupo de jóvenes amigas y estudiantes de moda que sufren los estragos censores de la escalada islamista en una sociedad en plena regresión y confrontación civil después de décadas de logros tras el proceso descolonizador.

Papicha toma el nombre de las mujeres cosificadas por una cultura patriarcal que ha encontrado una vez más en la religión el pretexto para su perpetuación, una sociedad de la que son también partícipes las propias mujeres que asumen con naturalidad el hijab y su simbología de sumisión como identidad silenciada a la sombra del hombre, la fe y la tradición. En este ambiente crecientemente hostil, nuestras protagonistas no se esconden, estudian, se visten como quieren, salen a bailar y deciden sus propias relaciones, actitud que encuentra pronto la lógica dinámica de confrontación marcada por el rechazo, la persecución, la violencia y el miedo.

Mounia Meddour asume para su relato el camino de la dialéctica dramática elemental, golpes de efecto incluidos, pero se reserva también una interesante mirada sensorial y cercana hacia todos esos rituales femeninos e íntimos (la costura, el maquillaje, la conversación sincera…) que conforman un frente de verdadera libertad, independencia y resistencia a las hostilidades del guion, que no duda en poner contra las cuerdas a unas chicas que aspiran a catalizar su rebeldía a través de un desfile de moda. Así, lo mejor de la cinta reside precisamente en esos momentos capturados con delicadeza y detalle antes que en los movimientos y quiebros dramáticos que la abocan a un cierto esquematismo en aras de subrayar aún más su gran tema.

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