Crítica de Cine

El secuestrito

Un hombre (Evans) acecha a una mujer (Reilly) en la calle. La sigue en su coche hasta el gimnasio y espera en el aparcamiento a que salga de su sesión de yoga. Es entonces cuando, a plena luz del día, la aborda violentamente, la amordaza y la mete en el maletero. Acto seguido, ya en su casa de diseño, la encerrará en una habitación acolchada completamente aislada del exterior.

Así arranca, entretenida en su rutinaria dinámica muda de depredador y presa, esta 10x10 que a esas alturas ya ha ofrecido sus mejores bazas. Lo que sigue, lejos de toda verosimilitud y toda lógica, material dramático de sobremesa somnolienta de TDT, es un descenso a los abismos creativos del pésimo guionista adolescente capaz de abandonar todo esfuerzo de dialéctica razonable o de tensión entre secuestrador y secuestrada por una risible escalada de golpes, puñaladas, teléfonos móviles que van y vienen, disparos poco certeros, apariciones sorpresa y explicaciones ridículas del porqué de la cuestión filmados con tanto efectismo de fórmula como flagrante ausencia de personalidad. La nada.

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