Cómics

Los cuentos de mis pesadillas

  • Si dos titanes del cómic como Carlos Trillo y Alberto Breccia se lanzan a recontar los más famosos cuentos, la calidad y originalidad de estos está más que asegurada

Ilustración de portada. Ilustración de portada.

Ilustración de portada.

Todos y todas, mayoritariamente en nuestra infancia, hemos conocido las historias protagonizadas por los perdidos hermanos Hansel y Gretel, o la desvalida Cenicienta, la bella Blancanieves o la somnolienta Bella Durmiente. Y cómo no, la peripecia que casi le cuesta la vida a la pizpireta niña de roja caperuza…

Casi todos nos llegaron en las edulcoradas versiones realizadas por la factoría del sonriente Walt Disney, aunque algunas supieron trasladar bien la parte oscura de algunas de estas narraciones (aún me recuerdo, aterrorizado en el patio de butacas, cuando la temible bruja Maléfica hacía de las suyas en La Bella Durmiente).

Pero claro, si nos detenemos a examinar estos cuentos, sus autores, además de un moraleja, dejaron en muchas ocasiones momentos a los que si se les dan la vuelta, pueden resultar muy diferentes a los narrados en la obra original, mostrando un reverso muy oscuro.

Y es justo aquí donde dos grandes nombres de la historieta sudamericana y mundial, el guionista Carlos Trillo acompañado por el dibujante Alberto Breccia, se lanzan a recrear de manera muy personal ese puñado de cuentos, dándoles a todos un giro cínico, y convirtiéndolos en historias para que volvamos a disfrutarlas, de manera muy diferente, los adultos.

Trillo afila su pluma y nos muestra la crueldad que puede encontrarse, oculta, tras la aparente inocencia de una pareja de niños; cómo una promoción publicitaria puede meter en un embrollo a una pobre muchacha, que de pronto se va a ver sumergida en un mundo hasta entonces desconocido para ella; tomando el papel de presentadores, Trillo y Breccia se burlan de la edulcorada versión del cuento protagonizado por la durmiente joven; un destino oscuro, muy diferente del que ella jamás imaginó, le espera a la muchachita que pasó por las lúbricas manos de un predador, un lobo demasiado humano y, finalmente, la venganza más terrible caerá sobre la obsesiva reina que una y otra vez consultó a un mágico espejo, tal vez demasiado sincero, amenazando la vida de una joven cuyo único pecado fue haber nacido bonita.

Alberto Breccia abandona la oscuridad del blanco y negro y la aguada, poblando sus páginas de color, una original explosión, un collage en el que reconocemos los diferentes materiales utilizados para llevar al papel este puñado de cuentos de manera tan extraordinaria. Sublime.

ECC continúa con la encomiable labor de editar todos este material (El Iguana; Autor; Drácula, Dracul, Vlad? ¡Bah…!; Buscavidas…) que desde hace ya mucho tiempo no podíamos disfrutar en unas ediciones a la altura de estas geniales obras, lo que es muy de agradecer, tanto por los lectores que las desconocían como por los que crecimos junto a ellas.

Los protagonistas de estas particulares versiones es probable que ni fueran felices ni pudieran comer perdices al final de sus historias…

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