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La resaca de las fiestas se soluciona a chorrazo limpio

Qué hubiera sido de esta festividad sin los trabajos de limpieza. Por fortuna ni se sabe, y nadie se lo tiene que imaginar. Estos operarios son los que acaban con la resaca de las fiestas a chorrazo limpio. Miguel Muñoz es uno de ellos, un empleado de la empresa encargada de las tareas de limpieza en la capital. Con este año ya acumula en su haber 18 trabajando para Inagra, y ha dedicado ocho horas al día durante esta semana pasada a dejar el ferial y sus aledaños tan húmedos como limpios "desde por la mañana, refrescando el albero del recinto, echando agua en el asfalto o regando la tierra para que estén muy fresquitas todas las calles".

Miguel afirma que "lo mejor es que estábamos de fiesta, y a pesar de que estemos currando se ha visto mucho ambiente", porque como él dice, "alguien tiene trabajar para que otra gente disfrute". Comenta que lo más problemático del trabajo durante esta semana han sido los caballos, que son los que han dado más contratiempos "porque se asustan mucho del agua, hay que ir muy despacio y con mucho tiento para que ninguno se asuste con el sonido del camión y el líquido elemento", ya que los animales se inquietan en exceso y eso provoca que empiecen a moverse hacia atrás o hacia los lados, con el consecuente peligro para el jinete que puede acabar en el suelo.

Miguel relata una anécdota sobre los equinos acontecida este mismo año: "Estaba todavía a cien metros de un caballo que venía de frente, pero éste ya había visto el camión echando agua" y el jinete, "que aun no tendría suficiente experiencia", comenzó a perder su autoridad sobre su corcel paulatinamente. "Intentaba alejarlo del agua y el muchacho hacía como que lo controlaba… pero cada vez lo empeoraba más y el caballo iba dislocado perdido de una lado para otro, cruzándose por toda la calle". Además del rocín, también hay que ir con mucho cuidado con los viandantes, porque como explica, "puedes mojar a la gente que va paseando, aunque sólo les caen unas gotas de agua y en fin… se asustan también, como es normal". Sin embargo, paradójicamente, "luego te los encuentras metiendo los pies en la fuente", como aclara el propio Miguel.

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