Síndrome expresivo 32

Americanismos: ¡Yo soy español, español!

Aitana y el colombiano Sebastián Yatra Aitana y el colombiano Sebastián Yatra

Aitana y el colombiano Sebastián Yatra

Escrito por

· Jorge Andrada

La vida del filólogo es agitada y, por qué no admitirlo, ingrata con unos oídos amantes de la palabra justa y necesaria. Queramos o no, son escasos los momentos en que disfrutamos de la plenitud existencial y nos reconciliamos con nuestros hermanos de lengua. Ya desde las primeras luces del lunes por la mañana, nos levantamos sobresaltados por el primer escarnio gramatical bajo la forma de: "Hola a todos, en el programa de hoy visualizaremos (¡me ahogo!) el avance de las tropas rusas" y no paramos de recibir embestidas lingüísticas durante el resto de la semana.

Ante tanta desidia cultural circundante, he de reconocer que, cada vez con más fervor, anhelo la llegada del viernes para cerrar bajo siete llaves todas las controversias idiomáticas presentes y futuras. La búsqueda de una vida descansada, de aquel que huye a la desesperada del mundanal ruido y camina por la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido. Así es, fiel lector, el paso del tiempo ha simplificado mis expectativas vitales: a veces solo me ilusiona sumergirme en el placer de una birra más fría que el abrazo de una suegra y disfrutar de un generoso plato de jamón cortado con maestría por mi amigo Antonio Ocaña.

Enredado en estos quehaceres hedonísticos estaba el viernes pasado, cuando de pronto mis hijas subieron el volumen del televisor y me ordenaron con la mirada un silencio absoluto e instantáneo. "¿Qué ocurre?", solo acerté a preguntar con cierta sorpresa ante el drástico cambio de escenario. "Papá, ¿no conoces a Aitana y Sebastián Yatra? Deja la cerveza y escucha por una vez en tu vida". Tocado y casi hundido. Me pillaron en un renuncio musical. Sentí que les estaba fallando como padre por lo que, sin pensarlo dos veces, simulé mi ignorancia lo mejor que pude con alusiones a mis canciones y grupos preferidos, allá en la dorada juventud: un poco de La Flaca, El Último de la Fila, Radio Futura,... Tocado y ya a punto de hundirme: ellas contratacaron con un misil en forma de invitación: "¿Bailas con nosotras?".

¡Quién dijo miedo! Me atusé el flequillo con el tenedor, encajé las vértebras dislocadas con estiramientos de esternón y empecé a mover la cadera con un movimiento pélvico semicircular. Vamos, que me vine descaradamente arriba, hasta que la televisiva pareja musical hizo una pausa para dar rienda suelta al guion del programa. "Oye, Sebastián, ¿sabes que utilizas palabras muy raras? A veces no te entiendo. Ji ji ji (risas kiss)", le soltó la inocente Aitana a quemarropa ante la sonrisa incómoda del joven colombiano. "Por eso, hoy te he traído un regalo muy especial, my darling".

De vuelta al salón de mi casa, mis hijas estaban petrificadas por mi soltura en el baile y mi envidiable ritmo de la noche; yo, por el regalo de la bella Aitana. Nunca hubiera imaginado que aquellas tersas manos acariciaran el Diccionario de la lengua española (DLE) con tanta dulzura y calidez, ni que el bueno de Sebastián hubiera aceptado aquel símbolo de humillación. ¡Una española regalando un diccionario a un colombiano para que aprenda a hablar la lengua que comparten desde hace cinco siglos! ¡Por las barbas de Júpiter! ¿Se imaginan la reacción de Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Ida Vitale, Octavio Paz, Isabel Allende o Pablo Neruda ante tal despropósito? ¿Cómo os sentiríais si un dominicano, uruguayo o un doctor platense os dedicaran tan doctas palabras: "Lee el diccionario de la lengua española, porque no hay dios que te entienda"? Mejor me callo.

¿Se puede superar?

España y los españoles, querido lector. La bella Aitana desconoce que el diccionario de nuestra lengua es producto del trabajo en equipo, el estudio constante y la cooperación de todas las corporaciones académicas de América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial (veintitrés en total). Esta obra ensalza la cohesión y diversidad de un sistema de comunicación empleado a diario por más de 580 millones de personas y, por lo tanto, es el resultado de un diálogo constructivo, alejado de esquemas mentales del pasado.

La última revisión de esta obra de consulta ha concluido con el registro de 93 111 entradas, entre ellas 19 000 americanismos. Sí, mon amour: "Vocablo, giro o rasgo fonético, gramatical o semántico peculiar o procedente del español hablado en algún país de América". Por lo tanto, el propósito del Diccionario es mostrar la riqueza de una lengua mestiza y en continuo cambio; transmitir un mensaje de concordia y respeto hacia las variedades regionales que están asentadas en el intercambio comunicativo; valorar lo específico y particular como patrimonio de una identidad lingüística compartida. En definitiva, el fortalecimiento de los vínculos expresivos entre la comunidad hispanohablante.

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