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Otra gran (y redonda) novela americana

  • Salamandra trae a España 'El Nix', la primera obra de Nathan Hill, que hace un despliegue de estilos para repasar la historia de su país

El escritor estadounidense Nathan Hill. El escritor estadounidense Nathan Hill.

El escritor estadounidense Nathan Hill. / Michael Lionstar

Cuando uno se enfrenta a un libro como El Nix, una obra de 700 páginas de esas que te provocan una tendinitis en la mano si las quieres leer en la cama y boca arriba, lo primero que piensa es que ya está otra vez la crítica dando la tabarra con un jovencito estadounidense que ha vuelto a escribir la Gran Novela Americana. Que si en él se aprecian ecos de Pynchon, de Foster Wallace, de Delillo, de Franzen, de Irving y de todo el olimpo de los dioses de la mejor literatura norteamericana del último medio siglo. La primera sensación es de pereza, pero como uno tiene en alta estima a su librero, y éste se la ha recomendado encarecidamente, decide darle una oportunidad.

Y sólo puede darle las gracias al librero. El Nix, editado en España por Salamandra, es una novela redonda. Está maravillosamente escrita, combina estilos, cambia de registro en cada capítulo, experimenta en algunas partes y se muestra conservadora en otras y, sobre todo, es muy divertida. Es otra gran novela americana, sí, pero sin las mayúsculas. No es la única, es una más, que cuenta la historia de tres generaciones de una familia de estadounidense. Lo hace a través de un niño que es abandonado por su madre, una revolucionaria hippie que participa en las protestas de Chicago en el año 1968 y que se enfrenta a su padre, el abuelo del protagonista, un inmigrante noruego que dejó su país natal durante la Segunda Guerra Mundial.

El protagonista irá desenterrando capítulo tras capítulo los secretos de su familia, siempre con la misma pregunta en la mente: “¿por qué se marchó su madre?”. Y así, el libro recorrerá varias décadas de la historia de EEUU. Más que a Pynchon y a Wallace, recuerda al Eugenides de Middlesex, sobre todo cuando describe los disturbios de Detroit. Aquí, el autor, un chico de cuarenta años llamado Nathan Hill reconstruye las marchas estudiantiles de 1968 y el ambiente hippie de la época.

Pero no se queda en eso. Hay un retrato de la sociedad actual muy interesante. El protagonista, el hombre abandonado por su madre de pequeño, es ahora un profesor universitario al que una alumna le monta un lío porque la sorprende con un trabajo copiado. Más o menos lo que existe hoy en día en las aulas: el profesor tiene cada vez menos autoridad y el alumno puede arruinar su carrera en el momento que quiera con una simple acusación, sea cierta o no. Como pasa con los grupos de Asuntos Internos de la Policía, que siempre le dan más credibilidad a la palabra de los delincuentes que a la de sus compañeros investigados.

Y además hay un excelente relato de los momentos de ocio de una sociedad en la que la soledad cada día gana más enteros. El profesor es un adicto a un videojuego y se relaciona con otros gamers como él de manera telemática, pero no sabe muy bien cómo hacerlo cuando tiene delante físicamente a las personas con las que juega cada día a través de internet. Hay una espléndida galería de personajes secundarios que sustentan la novela. Y el jefe de los gamers es uno de ellos. Un capítulo protagonizado por él es, probablemente, el más brillante de toda la novela. Narra, con una sola frase que se extiende durante más de diez páginas, la historia de su obsesión por el videojuego, de una adicción por la tecnología que está cada vez más presente en la sociedad occidental.

Es, aunque esa parte está ambientada en el año 2011, un buen reflejo de la América actual, la de Donald Trump, que tampoco es demasiado diferente a la de Obama. De hecho, los revolucionarios de antaño son hoy poderosos hombres de negocio o políticos, que hace tiempo ya que dejaron sus ideas de lado. Y, por supuesto, todo cambió a raíz del 11-S.

Quizás habría que explicar el título. ¿Qué leches es un Nix? Bien, es el nombre que recibe un espíritu nórdico que tiene bastante peso a lo largo de la novela. Es quizás en el título donde se aprecia más la influencia de Wallace, tan aficionado a construir palabras originales. Pero por mucho que se empeñen, El Nix no es La Broma Infinita. Ni falta que hace, aunque haya momentos realmente divertidos. El Nix es El Nix, otra gran novela americana sin que por eso tenga que ser la Moby Dick del siglo XXI.

De Nathan Hill se sabe poco más que lo que pone la solapa del libro. Que nació en Iowa (otro del Medio Oeste), que ha publicado muchos relatos pero que hasta ahora no había escrito ninguna novela. Y (esto no lo dice) de pequeño se leyó muchos libros de los de Elige tu propia aventura, como muchos niños criados en los ochenta. Y por eso es todavía más entrañable.

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